ERROR

Por favor, revisa tu email para activar tu cuenta.
Si no has podido encontrar nuestro email de activación, por favor, revisa tu carpeta de no deseados o spam y añade nuestro email a tu lista de contactos.

Suscripción anual

$ 50.000


    *todos los campos son obligatorios

    2025: De la persecución de Milei contra Lali y la trinchera de los traperos

    En La comunicación hace clic nos propusimos hablar un poco de la música en este año, y, como siempre pasa, un poco lo logramos y mucho no. O más bien, digamos: hablamos de la música de la era Milei.

    Sobresale en el panorama la figura de Lali Espósito, no tanto como fenómeno popular (que lo es, pero no es el único) sino por la persecución machista y propoder a la que Milei la sometió sin pudor en varias oportunidades, un episodio símbolo del modelo patoteril y violento que nos gobierna premiado, dicho sea de paso, por 4 de cada 10 personas que votaron en las elecciones de medio término parlamentario.

    El episodio viene del año pasado, a punto tal que Lali le respondió con templanza y contundencia en su canción “Fanático”, de 2024: “Te encanta hacer como que no tenés idea quién soy/ y sé que tenés un póster mío en tu habitación”, chicanea la bella e inteligente Lali.

    Lali en su recital de Velez haciendo el 3, en alusión a las denuncias por coimas contra Karina Milei.

    «Yo entiendo qué te pasa, si sos tan solo un niño. Aunque te hagas el malo, te está faltando cariño. Igual, vení, acércate, que te firmo la fotito”. ¿Hace falta algo más?

    También se nos ocurrió apuntar hacia el fenómeno de los traperos, raperos y demases, pibes sub 30 que llegan a millones de adolescentes con canciones que a los mayores -bueno, hablo por mí- nos parecen en general muy feas -no les entendemos la letra-, pero que evidentemente están diciendo un montón de cosas que sí saben apreciar quienes los siguen casi con devoción. 

    El 12 de febrero de este año fue un miércoles. Miles de pibas y pibes se preparaban para ir al Espacio de la Memoria (exEsma) para ver y escuchar gratis a uno como ellos, de 18 años, oriundo de Morón, en el oeste del conurbano. Se llama Camilo Joaquín Villarruel, pero todos lo conocen como Milo J., una de las últimas grandes apariciones del trap, el rap y el hip-hop, y, a esta altura, reconocido junto con otros intérpretes similares como representante de la nueva música urbana argentina.

    —Perdón, redactor, ¿representantes de “la nueva música urbana argentina” estos chicos que cantan en puertorriqueño y no se les entiende nada, que pareciera que tienen una papa en la boca? 

    —Sí, ahora lo analizamos, pero dejame que sigo con la historia del 12 de febrero, que creo que va a ir aclarando algunos tantos.

    Ese concierto, que ya había concitado la intención de ir de más de 20.000 pibas y pibes fue suspendido por orden del gobierno libertario con una excusa vil y despreciable, mediante una “ayudita” (¿qué casualidad, no?) de la “Justicia”.  ¿No es raro eso? ¿Por qué molestaría al poder un chico de 18 años que, según la visión de nosotros, los adultos, canta cosas sin sentido y ni siquiera con entonación porteña, o cordobesa, o santiagueña?

    Bueno, por ahí viene la respuesta a la pregunta de aquí un poco más arriba. Porque estos intérpretes llegan a cientos de miles de chicas y chicos con sus códigos, como nos ocurrió hace 50 años (o más) a muchas y muchos en nuestras discusiones con nuestros padres y nuestras madres: ¿A quién no le pasó que el padre le ordenara que apagara “ese ruido”, pero resultaba que en “ese ruido” Charly García pintaba el destino de alguien cuando ya se empiece a quedar solo o Luis Alberto Spinetta hablaba de un discapacitado mental en un hospicio?

    Volvamos a Milo J. para recordar -no es un detalle menor- que no conoció a su abuela materna porque fue víctima del terrorismo de Estado, y a partir de ahí se puede analizar no sólo sus letras sino también sus actitudes y reconocimientos hacia los organismos de derechos humanos.

    Milo J.

    Milo J., Wos, Dillom, Trueno, Ca7riel y tantos otros levantan en sus letras banderas de reivindicación de la identidad, de lo popular, del barrio, de la justicia social y contra el caretaje y la falta de oportunidades.

    ¿Quieren saber qué dice Wos sobre la meritocracia?: «No me jodas que sin oportunidades esa mierda no funciona». Clarito, ¿no? ¿Y Milo J. tiene algo más para decir? Sí, y nada menos que junto con los folkloristas Cuti y Roberto Carabajal: «Soy el invisible, el que nunca ha sido. Bienaventurados, benditos los ricos, consiguen de todo con el apellido».

    Ca7riel y Paco Amoroso (dos virtuosos que vienen del rock progresivo, donde dieron rienda suelta a su capacidad interpretativa pero no lograron trascender popularmente) también tienen lo suyo. En “La que puede, puede” dicen: «La que puede, puede con la moto», referencia directa e irónica a la motosierrade Milei y otro palo para el discurso miritocrático.

    “La que puede, puede, puede, puede No tengo tiempo para el resentimiento social. La que puede, puede, puede, puede Y si no, que se joda y que se ponga a rezar”. ¿Qué tal?

    No vamos a invadir este texto de frases como estas, pero tengan por seguro que existen, y nuestras hijas, hijos, sobrinas, etc. las saben de memoria, las entienden y, esperemos, les sirva a la hora de delinear un pensamiento con conciencia social y solidario.

    5 comentarios en “2025: De la persecución de Milei contra Lali y la trinchera de los traperos”

    1. Desde 1985 , con el juicio a la Junta, este inteligente y arriesgado periodista, fiel a su estilo, nos recuerda los sucesos infames de los gobiernos. Sin medias tintas denuncia lo que muchos sabemos y no nos atrevemos a hacerlo. Gracias Jorge, gracias compañero.

    Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *