Estamos en la era de los “tecnosiervos”

Internet, en su hora anunciada como una red horizontal, abierta y propicia para la libertad de expresión, es en verdad un sistema de dominación social y política, y las y los usuarios fueron convertidos en “tecnosiervos” que ni siquiera son propietarios reales de los dispositivos que usan, advirtió el filósofo, matemático y catedrático español Javier Echeverría.


“Somos siervos o vasallos: tecnovasallos, tecnosiervos. En el espacio electrónico no hay libertad: es un sistema de dominación. Y ese espacio es el que manda en este momento, tanto en las grandes decisiones estratégicas como en la guerra”, agregó.


Javier Echeverría (Pamplona, 1948), fue director del Instituto de Filosofía del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y es vicedirector de la Academia de las Ciencias, las Artes y las Letras del País Vasco.


Entre sus ensayos, por los que obtuvo varios reconocimientos, figuran “Calculemos: matemáticas y libertad”, de 1996; “Un mundo virtual”, 2000; “Ciencia y valores”, 2002; “Ciencia del bien y del mal”, 2007; “Entre cavernas. De Platón al Cerebro pasando por internet” (2013) y “Tecnopersonas. Cómo las tecnologías nos transforman”, obra compartida con Lola Almendros, también filósofa, publicada en 2023.


“Internet es una ficción que se sigue utilizando como concepto, al igual que ciberespacio. Lo que existe es un tecnofeudalismo: grandes dominios informáticos y telemáticos en los cuales uno está encerrado y no puede salir. Estamos controlados por los grandes señores de las redes y las nubes”, explicó a la publicación uruguaya la Diaria, que lo entrevistó durante una visita a Montevideo.


A diferencia de las características clásicas del feudalismo, Echeverría dijo que no se enfoca en la perspectiva económica sino en la social. “Hay unas personas que son señores –en este caso, señores de las tecnologías, de las redes y de las nubes– que dominan totalmente a la inmensa mayoría de la población, los usuarios de las redes. La relación feudal es una relación de dominación social y también política”.


“Luego tiene una vertiente económica”, explicó. “Esos grandes dominios feudales, los señores del aire y de las nubes, son las empresas más ricas del mundo desde hace 10 ó 15 años. Pero eso es consecuencia de la relación de dominación y no al revés”.

ECONOMÍA CAPITALISTA DE DATOS


Recordó que en la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información, a comienzos del siglo, se afirmó que el mundo se encaminaba hacia una sociedad del conocimiento. “Quienes participamos en aquellas reuniones nos opusimos por completo a estas propuestas, pero no nos hicieron caso. Se perdió la batalla”.


La consecuencia es que “no ha surgido una sociedad del conocimiento. Lo que ha surgido es una economía capitalista de datos. Tanto la información como el conocimiento han sido reducidos a datos”, continuó el filósofo español.


Agregó que hay “una segunda variable muy importante: los sistemas tecnológicos, desde que surgieron las nubes, es decir, los grandes centros de datos, los dispositivos, en lugar de ser autónomos, han pasado a estar subordinados a las nubes. Mi ordenador y este teléfono móvil, en realidad, están manejados desde las nubes”.


“En este momento, el dispositivo no es realmente mío. Lo tengo con una licencia de uso, y todo el software que utilizo en el teléfono o en el ordenador tampoco es de mi propiedad. Todas las herramientas que utilizamos para trabajar, entretenernos o divertirnos en las redes y en los mundos digitales no son propiedad nuestra. Han sido alquiladas por nosotros a los grandes propietarios”, destacó.


El especialista insistió: “No somos propietarios de los móviles que usamos. Y no dominamos los celulares ni las herramientas de las redes telemáticas: todo lo que hacemos con estos utensilios genera datos que pasan a ser automáticamente propiedad de los grandes señores del aire”.

PERSONAS QUE PADECEN ESCLAVITUD DIGITAL


El sistema así desarrollado, expresó también, da lugar a personas que quedan “en una situación psicológica de considerarse esclavas”. Es el caso de la gente que “utiliza ChatGPT como confesor, amante o confidente, y está encantada con que la halague, la engañe o le diga ‘qué maravilloso eres, sigue contándome cosas’. Cuanto más le preguntamos, más datos le estamos aportando. ChatGPT engulle datos, los devora y genera capital.

En situaciones como esa “sí cabe hablar de esclavitud, en el sentido de total o casi total dependencia cotidiana. Pero para la inmensa mayoría de los ciudadanos y usuarios no es esclavitud, sino servidumbre”.

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