El despliegue periodístico local e internacional por la intervención militar estadounidense en Venezuela, con la captura como prisionero del presidente, Nicolás Maduro, mostró la supremacía de la forma de relatar y nombrar de la Casa Blanca, lo que derivó en una circulación de noticias contaminadas por los intereses de ese país, lejos de la posición equidistante o de adhesión a los hechos obligatoria en las noticias.
La definición atribuida a Esquilo, el dramaturgo griego, sobre la verdad como la primera víctima de toda guerra, parece aplicable a los enunciados radiales y televisivos, zócalos y titulares de medios auidiovisuales, gráficos y digitales de Argentina y de gran parte de los países de habla hispana, con excepciones muy aisladas.
Las fórmulas informativas, que constituyen un insumo esencial para que las audiencias puedan tener una aproximación a los hechos, aunque sea parcial, y formar una opinión propia, eran tendenciosos antes del ataque militar a Venezuela del 3 de enero. Diarios, radios y televisoras argentinas convalidaron, por ejemplo, el relato oficial sobre los ataques estadounidenses en el Caribe, al hablar de “narcolanchas” como objetivo, como si esto fuera cierto, y sin la menor preocupación por los civiles, no solo venezolanos, que fueron víctimas de exterminio.
Desatado el ataque y secuestrado el presidente venezolano, se usaron enunciados como “arrestado” o “detenido”, términos que suelen rodear de legalidad a procedimientos internos de fuerzas estatales, pero que no son aplicables a acciones de guerra en un territorio de otro país. En este aspecto específico, una de las denominaciones más grotescas fue la de la “extracción” de Maduro de su país, previsible en dirigentes o funcionarios al servicio de Estados Unidos, pero inaceptable en un contenido periodístico.
También se usaron títulos como “La caída del régimen”, “Cayó Maduro”, “La caída”, “La caída de Maduro”, “La caída del dictador”, que son fórmulas que dejan en un plano casi invisible el hecho principal y desencadenante, que es la agresión de la fuerza militar extranjera en Venezuela, con el objetivo de su riqueza petrolera, como lo mencionó expresamente Donald Trump.
REPRODUCCIÓN DEL LENGUAJE DE LA POTENCIA ATACANTE
Asimismo, muchos medios usaron la figura de una “operación militar quirúrgica”, en una réplica casi textual del relato dado por el presidente estadounidense, para ocultar que hubo decenas de objetivos bombardeados, con daños materiales y víctimas que, es cierto, era difícil verificar. Aún así, estuvo a disposición por ejemplo una lista de blancos bombardeados que dio a conocer el presidente colombiano, Gustavo Petro, que pudo ser por lo menos citado como fuente verificada.
El mismo rasgo de reproducción acrítica del lenguaje de la potencia atacante estuvo en frases sobre el “paraguas legal” de Estados Unidos para tomar prisionero a Maduro y su esposa, Cilia Flores, cuando incluso públicamente dirigentes de varios países advirtieron que la operación militar vulneró el derecho internacional.
Con esta misma inclinación política e ideológica pro estadounidense, las descripciones del ataque militar y del traslado de Maduro a Nueva York fueron rodeadas por la reiteración de las acusaciones y denuncias contra el presidente venezolano, como si ese contexto permitiera obtener pátina de legalidad a favor de la Casa Blanca.
Fueron pocos los medios que advirtieron que, independientemente de cuanto se quiera achacar a Maduro y su gobierno, y por justificadas que puedan considerarse las acusaciones en su contra, no hay legalidad en esta acción de guerra que, y lo escribió The New York Times, viola las normas internacionales e incluso las estadounidenses.
Estos y otros enunciados pudieron ser escuchados, leídos y vistos en una mayoría abrumadora de medios argentinos, y también de muchos otros países de habla hispana, con excepciones escasas. Una de ellas fue el título principal de La Jornada, de México, en la tarde del 3 de enero, tras el anuncio oficial del jefe de la Casa Blanca: “Trump secuestró a Maduro, declara ocupación y abre el petróleo venezolano a Estados Unidos”.
Este panorama parece mostrar un problema dramático de los medios, que incluso equipara en gravedad a uno de los problemas principales del sistema argentino, que es la concentración y la consecuente insuficiencia de pluralismo: la colonización del lenguaje, la repetición o mera copia de las palabras que marcan el relato del poder más influyente en la región, en perjuicio del lenguaje propio y la autonomía periodística.


Gracias por analizar y esclarecer,porq ha sido tan violenta la forma del secuestro, tan fuera de toda legalidad que quedamos absortos, confundidos No existe la conexión de Maduro con el narcotráfico.Hubo muchas muertes.
Y para sumar al carnaval Corina Machado le ofrece a Trump compartir el Nobel de la paz.
Ya se ve que cachivache es la DIRIGENTE de la oposición.