Esta semana sería la última de intensas negociaciones que impulsa el partido de gobierno para definir, más afuera que adentro del Congreso, la denominada “reforma laboral”, que llevaría al recinto del Senado el próximo 11 de febrero, según coinciden fuentes parlamentarias. Los cambios que se aplicarán, en el recinto, al dictamen de mayoría, dependerán de los acuerdos (principalmente económicos) a los que se llegue con los gobernadores.
Pero no venimos a hablar en esta nota de temas parlamentarios ni políticos, sino del lenguaje elegido para informar y por qué las y los periodistas informan de ese modo.
Pero ¿el periodismo?
En piloto automático hace tiempo, el periodismo deambula buscando un brillo que parece haberse quedado en el pasado. Agredido por los bajos salarios, la precarización, el pluriempleo, la falta de actualización profesional y la necesidad de impactar en un contexto de discurso casi único con una sociedad que parece anestesiada. El periodismo sufre hace años una «reforma» laboral que arrasó prácticamente con su tarea profesional.
Trabajadoras y trabajadores de la comunicación acosados por las acusaciones del Gobierno acerca de periodistas “ensobrados”, que presuntamente, cambian de idea y su forma de informar, según el dinero que reciban y quien sea el que lo paga. Y, ahora, además, la amenaza de la derogación de su Estatuto del Periodista Profesional, que hace años prácticamente no se aplica.
Así las cosas, crece el índice de desconfianza de las audiencias, mientras las y los periodistas piensan poco en el sentido de lo que dicen, en las palabras que eligen para narrar y en la pluralidad y diversidad de fuentes informativas para acceder a las noticias. Todo esto, sin hablar del impacto que recibe la comunicación y los discursos mediáticos por las redes sociales y la omnipresente Inteligencia Artificial (IA).
Pero no todas y todos los periodistas son así. Hay muchos que la pelean, que mantienen el fueguito prendido en el pecho que trae consigo la vocación de informar y tratan de cambiar un presente opaco que atraviesa a una forma de hacer periodismo que se olvidó cómo se hacía. Y tantos otros que año a año se inscriben para estudiar periodismo o comunicación con la esperanza de poder construir algo mejor que lo que vivimos estos días.
Es decir: informan sobre la reforma laboral, tras haber sido ellas y ellos mismos (periodistas) aplastados por una «reforma» de sus condiciones laborales, el descrédito, una flexibilización que los arrasó hace años y un impacto tecnológico que puso en duda su profesionalidad.
Como se habla de la «reforma» laboral
Todo esto que antecede es sólo para hablar de las palabras que se eligen hoy en la comunicación pública para nombrar el cambio en la legislación laboral que se avecina y que vela más por profundizar el beneficio de las y los empresarios/as que por los derechos de las y los trabajadores.
En las crónicas periodísticas que se leen no se recuerda algo básico, que en estos tiempos podría promover una mirada al menos más esperanzadora: La Constitución Nacional garantiza el derecho a trabajar, pero también a la organización sindical libre y democrática para las trabajadoras y los trabajadores y el derecho a huelga, que no es una mala palabra y se puede usar en las noticias.
Algunas recomendaciones, elaboradas por la Defensoría del Público de Servicios Audiovisuales -hoy desarticulada por el Gobierno de Javier Milei- pueden ser una herramienta interesante para el trabajo periodístico responsable en el tratamiento de las noticias laborales que impactan en el enero ardiente que atravesamos.
Por ejemplo: Poner en contexto las relaciones y el punto de vista de trabajadoras y trabajadores, que son una de las partes (la más débil seguramente) en los vínculos laborales, que hoy se discuten.
También hacer visible los puntos en conflicto de esta tan mencionada “reforma”, y hacer explícitos los diferentes de vista sobre cada ítem ríspido, porque el debate sobre esta nueva ley no se limita solamente a la negociación del Gobierno y los gobernadores para conseguir votos.
Y una última recomendación, tal vez la más olvidada por algunas y algunos periodistas y medios de comunicación: hacer públicas las voces de las y los trabajadores y las organizaciones sociales como fuentes tan válidas como las de los empresarios que se quejan de las consecuencias económicas que le traen los derechos sociales hoy vigentes.
Para quienes les interese, a continuación, la totalidad de las Recomendaciones producidas por la Defensoría del Público en agosto del 2022 y el detalle de cómo se elaboraron tras debates y encuentros con representantes del mundo laboral.

