Apenas había pasado un mes del campeonato mundial de fútbol 1978. Todavía se oían cornetas y colgaban banderas de los edificios. Los noticieros no dejaban de mostrar esa foto bizarra, con Videla en primer plano, de los miembros de la Junta de Comandantes festejando el gol de Kempes. Los dictadores, los asesinos, lucían felices y esperanzados. Fue entonces, el 1 de agosto de 1978, que comenzó a circular por Buenos Aires el diario Convicción.
Mezcla oscura de boletín de la inquisición y diario de calidad con contenidos progresistas, en pocos días se lo conoció como lo que era: un diario del Proceso, pero en particular tal como lo llamaban muchos de los periodistas que allí trabajaban, El Corriere della Massera, el medio de comunicación creado por el verdugo más siniestro que tuvo la dictadura militar, Eduardo Emilio Massera.
Los objetivos
Convicción fue el único medio creado durante la dictadura con un objetivo político concreto y, al mismo tiempo, con un margen de maniobra editorial que no tenían los diarios convencionales que le rendían absoluta pleitesía a la dictadura. En Convicción no solo se publicaban cosas impensables en La Nación o Clarín, sino que trabajaban periodistas opositores a la dictadura, que habían sido expulsados por cuestiones ideológicas. En particular de La Opinión de Jacobo Timerman.
En un principio el diario se planteó como plataforma para la ambición presidencial del dictador Emilio Massera, que ya se alistaba también para crear su propio espacio político, el Partido para la Democracia Social. Además del proyecto personal, el diario se inscribía en una línea de acción de la Marina que pretendía ubicarse en medio de los conflictos internos de las Fuerzas Armadas, en especial entre los llamados blandos y duros del Ejército.
Mientras la mayoría de los diarios apoyaban al Proceso de forma general, aceptando el control absoluto de la dictadura, Convicción buscaba diferenciar la gestión de la Armada de la del Ejército, proyectando una imagen de Massera como un líder nacionalista y popular de derecha. Tenía el sueño de ser el nuevo Perón.
A tal punto era así, que el diario usaba un léxico en el que las banderas peronistas (una patria libre, justa y soberana) y la palabra “pueblo” aparecían entreveradas en durísimas críticas al Ejército, sobre todo a la política económica que llevaba adelante José Alfredo Martínez de Hoz.
El diario se plantó en un nacionalismo exacerbado que más allá de las contradicciones internas se ufanaba de ser el vocero máximo del Proceso. En su primer ejemplar Convicción se definía como “liberal”.
“Por eso creemos (…) en la democracia. Pero no creemos en las democracias suicidas. Por eso pensamos que el gobierno constitucional debió ser interrumpido y agradecemos a Dios que las Fuerzas Armadas hayan intervenido a tiempo”. Esto decía el primer editorial del diario.
Era el diario del disimulo y el cinismo. Por un lado era un férreo defensor de la dictadura, por otro daba la batalla interna, y por último pretendía abrirse como una flor democrática y popular para capturar al histórico electorado peronista y nacionalista.

La Financiación
El diario estuvo financiado por diversas líneas. Por un lado estaban los fondos públicos propios de la Armada desviados deliberadamente. Y según diversas investigaciones judiciales también se utilizaron fondos provenientes de bienes robados a detenidos-desaparecidos en la ESMA.
Sin embargo, es probable que la vía de financiación más importante estuviera ligada a empresas relacionadas con la Logia P-2 con la que Massera tenía vínculos económicos e ideológicos.
En una investigación citada por Marcelo Borrelli (“El diario de Massera”), se incluyen declaraciones de autoridades del diario en las que se mencionaba a empresas de capitales italianos como Olivetti y Fiat, que estaban relacionadas con la Logia y que le debían favores a los marinos
La Logia, que operó por más de 100 años y fue disuelta por ley, se hizo célebre por subsistir como la organización clandestina que provocó el mayor escándalo de la historia de la República Italiana: la P2 salió a la luz pública con las declaraciones del mafioso Michele Sindona durante el escándalo del banco Ambrosiano, donde el Instituto para las Obras de Religión y la ciudad de Milán tenían intereses económicos.
Entre 1965 y 1981, condicionó el proceso político italiano mediante la inclusión de personas de confianza de la P2 dentro de la Magistratura, el Parlamento, las Fuerzas Armadas y la Prensa.
Licio Gelli comenzaría a presidir la logia a partir de 1970, cuando fue elevado al grado de gran maestro y ese era uno de los principales financistas y referentes de Massera y su diario.
La redacción
Uno de los aspectos más controvertidos de la historia del diario fue su redacción. Más allá de la línea editorial que manejaba su director, Hugo Ezequiel Lezama Lima (ex director de las revistas El Hogar y Atlántida) el diario estaba integrado por algunos de los más notables periodistas de la época y muchos otros que con los años demostrarían su valía.
Periodistas de gran oficio que públicamente se definían como peronistas, marxistas, progresistas, poblaban la redacción en una suerte de escisión entre la línea política y el resto del contenido del diario. Muchos de ellos podrían haber integrado la lista de desaparecidos o asesinados.
Pero más que ideología lo que buscaban las autoridades del diario era un determinado nivel profesional.
En pleno reino de la censura en todo el país, Convicción publicaba notas especiales sobre Milan Kundera, Alejandra Pizarnik o Andy Warhol. Había suplementos especiales como el dedicado a Freud a los 40 años de su muerte o secciones como las de Hugo Becaccece, con citas de Merealu Pontiy y Sartre. Hay quienes recuerdan notas sobre homosexualidad y lesbianismo para nada críticas ni moralistas.
Entre los periodistas que poblaron la redacción de Hornos al 200 se puede destacar a Marcelo Capurro, Carlos “Charly” Fernández, Enrique Macaya Márquez, Mauro Viale, Daniel Muchnik, Alejandro Horowitz, Marcelo Zapata, Ernesto Schoo, Pablo Sirven, Claudio Uriarte (autor de la notable biografía de Massera “Comandante Cero”) y Any Ventura. Alberto Guilis, Jorge Dorio, Nelson Marinelli y Ángel Faretta eran otros de los notables periodistas que afirmaron que nunca fueron apretados en sus trabajos.
Daniel Muchnik, periodista económico que provenía de Clarín y La Opinión, y que era una de las plumas destacadas del diario, tenía a su cargo el embate contra Martínez de Hoz, en la misma línea que venía sosteniendo antes de entrar a Convicción. Fué él quien en un reportaje al diario Perfil recordó que también colaboraron en el diario el economista Mario Rapoport, el historiador Luis Alberto Romero, y periodistas de vanguardia como María Moreno o el psicoanalista Germán García.
Más allá de la de los trabajadores legales, se sabe que en Convicción se publicaron notas de desaparecidos que estaban en la ESMA como mano de obra esclava, y sobre todo los casos de Carlos García y Alfredo Margari, miembros de Montoneros, secuestrados en 1977. Torturados y encadenados terminaron trabajando en diversos sectores operativos del diario.
Uriarte en su momento indicó que la selección de personal se basaba “en la obsesión esteticista de Lezama, el director” y “en su convencimiento que de que los periodistas estaban allí para fabricar un buen diario, porque para elaborar la línea política basta él”
“Como desde la gráfica hasta el modelo periodístico, Convicción copiaba a La Opinión de Jacobo Timerman y por eso, no necesitaba periodista que de ningún modo comulgaran con la dictadura”, declaró Horowitz en una nota que en su momento reprodujo el sitio El Puercoespín.
También aportó algo del clima que se vivía adentro. “No era prudente mentar su nombre (el de Massera) y mucho menos ‘chacotear’ sobre la biografía de semejante personaje”.
Alicia Dujovne Ortiz relató el intento de ser reclutada para el diario en una técnica de seducción y amenaza que la obligó a exiliarse del país.
Aunque parezca mentira es desde los escritorios del diario Convicción que se montaron las bases para la recuperación de lo que sería la APBA, Asociación de Periodistas de Buenos Aires, sindicato que adquirió una representación significativa en el gremio de prensa en la etapa de la recuperación democrática.
Durante cinco años Convicción fue el soporte del finalmente fallido proyecto Massera. Después de llegar a tirar unos cuarenta mil ejemplares, murió de la mano de la propia dictadura luego de la aventura malvinera que tanto divulgó y apoyó.
Su historia sirve para conocer las aviesas maniobras de uno de los personajes más nefastos de la historia argentina, pero también para matizar algunos juicios condenatorios que padecieron un grupo de periodistas que ni se entregaron ni se vendieron. Simplemente fueron a trabajar a un medio que bien podría definirse, parafraseando al diario de Timerman, como políticamente de derecha, económicamente de centro y culturalmente de izquierda.


Excelente nota, Maria!! Recuerdo que de Convicción había dos secciones que jamás me perdía: Cultura y Espectáculos (la derecha tiene muy claro que para llegar a sectores progres hay que brindarles lo mejor en estas área) y el suplemento de pasatiempos, casi una revista en sí misma cuando Humor y Juegos y las que le siguieron (sopas de letras, autodefinidos, enigmas, etc) tenían niveles de venta más que interesantes.