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    Un perro no es un hijo, el tiempo de la deshumanización

    Esta semana muchos canales y medios de comunicación de todo el país informaron sobre un nuevo presunto «auge»: el de los jardines de infantes para perros. Si, para perros y perras. No vengo a decir en esta columna ¡Qué barbaridad!, pero tampoco puedo entenderlo como una simple rareza ni dejar de preguntarme qué nos pasa como sociedad que naturalizamos estos cambios sin preguntarnos acerca de los motivos de cierta deshumanización a la que nos estamos acostumbrando.

    Como en este espacio hablamos de comunicación y periodismo, lo que más nos preocupa es la falta de información y de contexto en la mayoría de las noticias sobre este tema en diversos medios de comunicación argentinos, que prefieren tratarlo como una nota color sin preguntarse, siquiera, el fenómeno social y cultural que trae conmigo semejante «tendencia».

    Una primera aclaración es que amo a las y los perros, a los animales en general. Tuve perros variados desde los 4 años y a mi útima perra pastora alemán la cuidé casi hasta que quedó inválida casi tanto como cuidé a mis padres cuando se hicieron grandes.

    Pero no por eso puedo dejar de decir que un perro y un gato no es lo mismo que un hijo o una hija, y no tengo miedo que me critiquen las y los defensores de los derechos animales ni quienes piensen distinto. Porque hablo desde mi lugar de madre de seres humanos que, al mismo tiempo, amó y cuidó animales toda la vida (perros, gatos, peces y hasta hamsters).

    Casi como si se tratara de un dato color, una rareza, los medios de comunicación informan hace meses que en la Ciudad de Buenos Aires la población de mascotas ya duplica la de niños de entre 0 y 14 años: Mientras las niñas y niños (seres humanos) son 460.696; los perros son 493.676 y los gatos 368.176. Esa «transformación demográfica» trajo aparejada la creación de servicios educativos para el bienestar de los integranes no humanos de las familias.

    También hace meses se leen noticias sobre las peluquerías perrunas y gatunas. Corte de uñas, lavado y peluquería, baños con dos shampoos, acondicionador y secado, cortes y arreglitos y perfume al final. Todo por un costo de 20 mil a 150 mil pesos por día por perro o gato, según el lugar elegido, el barrio donde atiende el estilista y el tamaño del perro «cliente» que sea.

    Es claro que las personas tenemos todo el derecho a elegir ser madre, padre, traer niñas y niños al mundo, desde este espacio no juzgamos ni opinamos sobre eso. Pero sí queremos dercir que no entendemos que sea igual tener un hijo a hija que un perro o perra.

    El periodismo, que tiene que informar, cuestionar, proponer debates públicos, al poner en agenda estos temas sin cuestionar, abordándolos simplemente como una rareza, un fenómeno o una tendencia, sin sumar voces que al menos nos hagan pensar sobre qué le pasa a la humanidad que elige llevar a perros o gatos al jardín de infantes y no a niños y niñas, no cumple su función y naturaliza la deshumanización creciente de la sociedad de estos días.

    Hay 260 mil hijos menos por año que la década anterior

    En las notas periodísticas que llenaron espacio en los medios de comunicación esta semana, no se preguntan sobre los motivos por los cuáles se redujo la población infantil y se transformó la estructura familiar en la Argentina. Ni en una sola de las notas consulta a un especialista sobre los motivos por los que hay 260.000 hijos menos por año que hace diez años, según un informe del Observatorio del Desarrollo Humano de la Universidad Austral.

    ¿Pero por qué será que los jóvenes prefieren tener perros y gatos, antes que hijos o hijas?

    No se trata de una limitación únicamente económica, porque los jardines para perros y gatos tienen costos no demasiado inferiores a los de un jardín maternal. Pero sin duda cambia la profundidad y la intensidad del compromiso del adulto a cargo.

    El primer paso, tras inscribir al hijo no humano en un jardin, similar a lo que ocurre con hijo o hija humano/a, es «agendar una entrevista con el tutor para conocer al futuro alumno: Tenemos un montón de preguntas para el tutor sobre el perrito y lo sometemos a evaluación para ver cómo reaccionan al entorno y a otros perros», según cuentan los responsables de los jardines perrunos en un informe emitido por el canal C5N.

    Los jardines para los animalitos tienen programas establecidos (no es broma, es cierto!), Ladra, por ejemplo, el jardin ubicado en el barrio porteñoa de Palermo, ofrece 10 horas, divididas en cuatro bloques en los que no sólo los perros son depositabos, sino que se trata de espacio específicamente pensados para que los perritos interactúen. entrenen y aprendan, explican los responsables del lugar.

    El fenómeno no es solo argentino, es mundial. En España ya hay más perros que niños . Para la mayoría de las personas, muchos de esos animales no ocupan el lugar de una «mascota» sino que son realmente sus hijos

    ¿Será el declive de la civilización?

    Se está produciendo una sustitución. ¿Será un declive de la civilización? ¿Será la soledad? ¿El miedo al traer nuevos seres humanos a un mundo sin futuro?

    ¿Será la imposibilidad de convivir con otras personas, la dificultad para permitir que otros nos puedan cuestionar? ¿Será más fácil no tener que negociar con nadie? no tener que dar explicaciones, ni asumir responsabilidades, no tener que educar, transmiri frustraciones, poner límites que no termino de conocer, no tener que entender a otro ser humano?

    Un perro o una perra sólo nos sigue con la mirada, nos pide jugar, pero si le decimos que no se tira a nuestro lado y nos sigue moviendo la cola o lamiendo la mano. Un niño o una niña exige, habla, dice que se aburre, nos reclama, llora, se queja. A un niño y una niña lo parimos, es un compromiso de por vida, llora y grita de noche, se enferma, tiene fiebre, hay que amamantarlo aunque se nos quiebren los pezones, no es sencillo decirle «sentate» y que obedezca, «stop» y que pare, decirle «aquí» y que venga corriendo a nuestros brazos.

    Un perro o una perra nos hace la vida más sencilla, nos mueve la cola cada mañana y se banca la que sea. No tenemos obligación de vestirlos ni cambiarle pañales. No nos exige una dieta variada, simplemente las piedritas que vienen embolsadas con packaging de alimento premium repleto de conservantes y químicos. Transitamos tiempos donde todo es demasiado complejo como para elegir un camino que nos implique costos y responsabilidades.

    Los perros y los gatos nos alegran la vida, son mucho menos compromiso y nos dan amor. Y al fin y al cabo no sabemos donde vamos ni tenemos tantas certezas y nuestra heroína más real, la que nos soluciona la vida, cada día más es solamente una inteligencia artificial.

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