Los periodistas acreditados en la Casa de Gobierno nunca trabajaron tan incómodos como lo hicieron esta semana, tras regresar a la sede oficial el lunes último. Es que desde la llegada de la democracia, hace ya 42 años, jamás tuvieron que trabajar confinados en un espacio dentro de la Casa Rosada, sin poder circular por los pasillos internamente ni hablar con los funcionarios.
¿Por qué será que a los gobiernos no les gusta el periodismo? ¿Quisieran ser ellos mismos los únicos que informan?
Resulta contradictorio que un gobierno, como el de Milei, que hace del término libertad su principal «mantra», culpe al periodismo de todos los males que atraviesa su gestión y termine prohibiendo su ingreso a la Casa de Gobierno, espacio simbólico de lo público como ningún otro.
¿Se habrá olvidado Milei que construyó su liderazgo y su carrera política a fuerza de recorrer canales de televisión, ser columnista casi permanente en algunas programas televisivos y responder a cuanto periodista lo consultó en los últimos años? ¿Cómo pasó de amar la libertad de expresión hasta más allá de los límites muchas veces considerados respuetuosos, a odiar al periodismo porque lo critica?
¿Trabajar afuera o adentro de la Casa Rosada?
Después de los diez días en los que se les prohibió el ingreso, pudieron volver a entrar y tener un espacio donde trabajar, pero no recuperaron la acreditación permante, ni les permiten transitar los pasillos, ni ver a quienes ingresan por el Patio de las Palmeras, ni visitar los despachos de los funcionarios.
«Hoy estar ahí y estar afuera es lo mismo. Estoy tentada de poner una silla afuera y quedarme ahí, pero me asustó el frío. Por lo menos en la calle podés ver quién entra. Eso es lo que para este gobierno representa el periodismo: que trabajen en la puerta”, declaró la periodistas Liliana Parodi, al exponer esta semana en el Senado.
La Comisión de Sistemas, Medios de Comunicación y Libertad de Expresión del Senado se reunió esta semana para debatir el tema y citó a los responsables de la Secretaría de Comunicación oficial, pero, ante la aussencia de los funcionarios se limitó a escuchar a los periodistas que habían sido expulsados.
Jaime Rosenberg comparó la situación con el cuento “La casa tomada”, de Julio Cortázar. “Vamos viendo cómo el espacio se achica cada vez más. Tenemos menos pasillos para recorrer, menos balcones para mirar y menos despachos para ir”, dijo.
Los diarios Ámbito Financiero y Tiempo Argentino presentaron amparos ante la Justicia para que el Gobierno lo deje trabajar.
El amparo presentado por Ambito señala que esa restricción vulnera la libertad de expresión, el acceso a la información pública y el derecho a trabajar, al impedir la cobertura de temas del Gobierno Nacional por parte de las cronistas acreditadas Liliana Franco y Cecilia Camarano.
Una vez conocida ese recurso judicial, y ante la inminencia de un fallo judicial que lo respaldara, el Gobierno anunció la reapertura de la Sala de Prensa, y anunció el regreso de las actividades a partir del lunes 4 de mayo.
La libertad de prensa falta en todo el mundo
En los medios argentinos se señaló lo ocurrido con el cierre de la Sala de prensa como algo «sin precedentes» desde 1983, pero la verdad es que lamentablemente no es el único caso en el mundo donde un gobierno restringió o cerró el acceso de periodistas acreditados a la sede presidencial.
Ahora bien, lo que muchos periodistas argentinos destacaron fue lo inédito del cierre total de la sala de periodistas y la suspensión masiva de acreditaciones. Incluso la sala siguió funcionando como habitualmente durante los gobiernos militares de la dictadura cívica militar.
Hay antecedentes en distintos países, aunque con modalidades y contextos diferentes. En Estados Unidos, durante gobiernos de Donald Trump, se excluyó selectivamente a medios de la Casa Blanca y, aunque nunca se llegó a cerrar completamente la sala de prensa de manera permanente, sí hubo vetos y limitaciones para algunos medios puntualmente.
En México, el gobierno de Andrés López Obrador (2018-2024) fue acusado de hostigar periodistas y controlar su acceso mediante conferencias extremadamente centralizadas y cerradas a la prensa crítica.
El Salvador, bajo el gobierno de Nayib Bukele, produjo una de las mayores oleadas de periodistas exiliados desde la guerra civil. Más de 50 comunicadores abandonaron el país debido a acoso, vigilancia, amenazas o exilio, ante la amenaza de posibles arrestos arbitrarios, según denunció la Asociación de Periodistas de El Salvador.
En Turquía, especialmente con Recep Tayyip Erdoğan, se expulsó a los periodistas críticos de la cobertura presidencial y dieron acreditaciones selectivas en los organismos estatales.
Con idas y vueltas, matices y diferentes acciones, Argentina pasó a formar parte del grupo de países que o bien cerrando físicamente el acceso de los periodistas a los organismos oficiales, el retiro selectivo de acreditaciones a determinado medio o periodista, la exclusión de medios a conferencias de prensa o la limitación de las preguntas, ejercen distintos grados de limitación a la libertad de expresión y violan el derecho a la comunicación de las audiencias.

