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    Indio Solari, el artista condenado al éxito que el sistema mainstream no logró domar

    La aún muy fresca muerte de Carlos Indio Solari, el multifacético artista que surgió de la contracultura y se convirtió en un músico y cantante venerado y amado por millones de personas de todos los estratos sociales, dejó al desnudo en las últimas horas un panorama que no nos sorprende: el de la ignorancia más cruel que pueden mostrar los medios de comunicación, la que surge de la conveniencia política, sobre todo cuando se trata de destratar o ningunear a las grandes mayorías populares.

    El ex presidente Eduardo Duhalde solía repetir una frase que le había dicho un filósofo brasileño según la cual los argentinos y las argentinas estamos condenados al éxito, una manera de destacar el potencial del país en diversos campos (naturales, culturales, científicos, deportivos) a pesar de las crisis políticas.

    El Indio Solari fue a su manera un ejemplo de esto: se transformó en un artista híper popular sin proponérselo y, sobre todo, sin hacer concesiones para llegar a ese éxito innegable, lo cual el sistema mainstream jamás le perdonó. No sólo no lo pudo domar, sino que lo encasilló con intención de dañar como “el millonario rebelde”, cuando en realidad el orden de los factores aquí sí modifica el producto: Solari fue un rebelde que, como artista que vendió cientos de miles de discos y de tickets, se convirtió en un hombre adinerado.  

    HASTA SIEMPRE, INDIO | Transmisión especial de Gelatina

    Llegado a este punto, imposible no hacer una mínima referencia a la historia de este compositor y cantante que murió este viernes 5 de junio, a los 77 años, por un accidente cerebrovascular, ya que su origen y su desarrollo lo convirtieron en un fenómeno único en la escena cultural nacional.

    “Patricio Rey y sus redonditos de ricota” fue un grupo performático que, en la segunda mitad de la década del 70, comenzó en la ciudad de La Plata a hacer inusuales presentaciones teatrales que incluían actividades circenses y monólogos, además de música.

    La parte musical estaba a cargo básicamente de Eduardo Federico Beilinson, más conocido como Skay, un talentoso guitarrista procedente de una familia acomodada de La Plata que años atrás, más precisamente en 1968, había recorrido Francia (donde asistió al Mayo Francés) y a Inglaterra, un viaje que cambió su vida para siempre.

    Desde aquellos happenings en plena dictadura (de 1977 en adelante) hasta 1985, cuando -ya en democracia- apareció el primer disco de Los Redondos, “Gulp”, la banda hizo un camino muy particular en cuanto a total independencia de organización y difusión de sus actuaciones y de grabación de sus canciones, bien alejada de los grandes sellos musicales, la mayoría multinacionales. Es decir, más contracultural y minimalista, difícil conseguir…

    Y sin embargo, ocurrió. Los conciertos de Los Redondos comenzaron a difundirse de boca en boca, en las charlas en las esquinas, en los bares, en las canchas, y aquellos hippies empezaron a ser cada vez más masivos, motorizados por la contundente guitarra de Skay pero sobre todo por la voz y la personalidad en el escenario del Indio, con letras muchas veces encriptadas, pero que sin embargo lograban llegar al corazón y la cabeza de millones de adolescentes y jóvenes.

    Después de una decena de discos, el grupo se disolvió y Solari arrancó una carrera solista que haría crecer exponencialmente su estatus de mito, de fenómeno cultural y social. Sus multitudinarios conciertos en distintas ciudades, bautizados como “misas ricoteras” y aislados hechos de violencia ocurridos allí -magnificados con reiteradas mentiras por los grandes medios de comunicación- marcaron a fuego la historia del Indio, un camino que lo llevó a confirmar, ya desde la época de Los Redondos, su profunda llegada a las barriadas populares.

    El don de unir generaciones

    Y entonces se dio el otro fenómeno, no previsto y mucho menos deseado por el establishment cultural. ¿Cómo podía este artista -que encima en los primeros años de este siglo había adherido al kirchnerismo- convertirse en un vocalista venerado masivamente por dos y hasta tres generaciones de una misma familia?

    No es este un detalle menor: salvo Charly García, no hubo en el panorama del rock local otro artista como el Indio, capaz de llegar con sus canciones a quienes hoy tienen 70, los que tienen 40 y los que tienen 18.

    Mucha “ignorancia muy bien aprendida” -diría el cantautor Ariel Prat- escuchamos estas horas de boca de comunicadores y comunicadoras de los medios masivos sobre el Indio, algunas por desconocimiento y muchas con intencionalidad política.

    Pero la realidad -esa mala costumbre que tiene la vida de mostrarse tal cual es- derribó todos los discursos con movilizaciones espontáneas en todo el país. Cada testimonio recogido en estas “misas” cuenta, cada lágrima, cada recuerdo de una canción en particular, también.

    Imposible trasladar aquí tantos testimonios, pero tal vez uno -recogido por Gelatina- sirva como cierre de este texto: un muchacho de unos 40 años, abrigado por una campera con el escudo del club Quilmes, cuenta:

    “Se murió mi papá. El Indio nos hablaba al oído, nos habló a nosotros. Soy un pibe de un barrio popular de Quilmes, nos juntábamos en la esquina: borracho, falopero, chorro, lo que le tocaba a cada uno… Y el Indio nos habló directamente: ‘loco, eso, para otro lado. Poné tu rebeldía en un lugar’, y nos llevó a un lugar”.      

    2 comentarios en “Indio Solari, el artista condenado al éxito que el sistema mainstream no logró domar”

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