«Movilización popular híbrida» en la victoria de Lula

El triunfo del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva en segunda vuelta es consecuencia de una batalla en dos frentes, el tradicional de la «arena política» y el del ambiente digital, donde hubo una «movilización popular híbrida» que permitió revertir el resultado del primer turno, sostiene el antropólogo y especialista en medios español Miquel Pellicer.

La actividad política convencional, como una campaña electoral con actos y oradores, movilizaciones y pronunciamientos, se complementa con la actividad en plataformas y redes, y ninguna reemplaza ni invalida a la otra, explica.

En este terreno, la nota dice que el equipo del presidente brasileño reelecto trabajó «contra las lógicas, sesgos y restricciones de los propios algoritmos, en particular los de Meta«.

«Lo que históricamente se resolvía en los estrados obreros, en la mística de los mitines masivos y en la liturgia de los debates televisados se convirtió esta vez en una carrera de obstáculos cibernética de proporciones gigantescas», explica Pellicer.

Una campaña electoral híbrida, sostiene a continuación, «es aquella que borra la frontera entre el mundo analógico y el digital, coordinando ambos espacios como un única campo de batalla sincronizado».

CONFLICTO CON GRANDES CORPORACIONES TECNOLÓGICAS

Pellicer reseña después el conflicto prolongado entre el lulismo y la empresa multinacional de Mark Zuckerberg, que llegó a un «punto culminante de un largo y áspero pulso institucional», cuyo comienzo se remonta a 2023, cuando la ultraderecha encabezada por Jair Bolsonaro lanzó acciones de violencia contra las sedes de los poderes públicos en Brasilia.

Lula da Silva dio cuenta de este mismo enfoque sobre el conflicto en el discurso del domingo 25 por la noche, cuando insistió en su propósito de regular la actividad de las empresas del sector.

«La relación entre ambas partes terminó de resquebrajarse a principios de 2025, cuando Meta decidió cancelar de manera unilateral sus protocolos de verificación de veracidad en Brasil, abriendo una crisis que provocó que la Abogacía General de la Unión interpusiera demandas judiciales por la proliferación de estafas que suplantaban la imagen del Estado», describe.

LA LUCHA ENTRE LOS CÓDIGOS DE LOS ALGORITMOS

Acontecimientos y pleitos posteriores, explica, «confirmaron que la disputa por el poder ya no se jugaba solo en le persuasión de los electores, sino en las líneas de código opacas de los algoritmos».

Así, «la decisión de Lula de elevar la queja ante los organismos internacionales reflejó la gravedad de un escenario donde la frontera entre el fallo informático y la decisión tecnopolítica se había vuelto indistinguible. Las cosas de Mark».

El texto del antropólogo y especialista en comunicación avanza después en la reacción del equipo de Lula frente a esta situación. «La izquierda brasileña tardó años en entender una verdad incómoda: no se puede ganar una pelea callejera en internet con maneras de profesor universitario».

Y esa reacción, detalla, incluyó que el Partido de los Trabajadores tuviera que renunciar al «monopolio del mensaje», para «liberar» material en varios formatos a fin de que circularan por las redes y que cada adherente los usara según su mejor entender.

De esta forma, «de pronto, la imagen de Lula no dependía de un diseñador encerrado en un búnker de São Paulo, sino de un chaval de dieciocho años en una favela montando una coreografía en TikTok, de una ilustradora independiente dibujando sátiras o de un vecino grabando un mensaje en jerga local para el grupo del fútbol sala».

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