¡Que vivan los estudiantes!

La decisión de un centenar de estudiantes argentinos de instalarse, con una sentada pacífica, en el hall de la sede de la cartera educativa nacional y pedir una reunión con el Secretario de Educación, Carlos Torrendell, para conversar con él sobre los problemas presupuestarios de las universidades argentinas, da un poco de ilusión, en el marco de la ola de protestas del otoño europeo que se multiplican cada día en calles de distintos países del continente.

¿Será este un hecho aislado? ¿O se trata de un punto de inicio para una rebelión estudiantil similar a la que sorprendió al gobierno de Carlos Menem en los noventa? Entonces las marchas universitarias contra la sanción de una nueva Ley de Educación Superior fueron el inicio de una resistencia al neoliberalismo que se unió a los reclamos de los maestros, con la Carpa Blanca de la Confederación de Trabajadores de la Educación, primero y luego a las organizaciones sindicales.

En Europa la ola de protesta juvenil ya se extendió por Francia, España, Italia, Alemania y Bélgica. «Facciamo come in Francia» decidieron los italianos y se sumaron a la denuncia de falta de oportunidades para una generación que no quiere vivir peor que sus padres.

Mochilas en las puertas de las escuelas y en los parques públicos, ocupaciones pacíficas de los establecimientos educativos. Cada país tiene su método, su creatividad para protestar y sus propios reclamos. Pero todas las manifestaciones son masivas y las protagonizan jóvenes estudiantes.

A ellos se suman otros sectores de la población, que llevan sus propios reclamos, como lo que ocurre en España, donde la indignación estalló por la expulsión en Madrid de Maricarmen (87), del departamento que alquilaba hace 70 años. Esto llevó a la instalación de tiendas de campaña en la Puerta del Sol.

Falta de pofesores, aulas superpobladas, establecimientos educativos con goteras, problemas de infraestructura, mientras el presupuesto se destina a seguridad o armamento, es el reclamo que une a los protatonistas de una generación que parece decidieron decir basta en los países europeos. Casi 400 mil personas marcharon en Francia el 6 de octubre último y unos 900 establecimientos tuvieron que cerrar sus puertas. Las protestas son reprimidas y tuvieron como consecuencia arrestos y muchos heridos.

¿Y por casa?

Casi un centenar de estudiantes de distintas carreras de la Universidad de Buenos Aires (UBA), Universidad Nacional de Quilmes, La Plata y San Martín, decidieron el miércoles 8 de octubre intentar ingresar al hall central del Palacio Pizzurno, sede de la cartera educativa, y pedir hablar con el titular de Educación para exigirle al Gobierno el cumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario, en lo que es la antesala de la seguramente multitudinaria 5ta Marcha Federal Universitaria al Congreso el próximo miércoles 15 de octubre.

Estudiantes universitarios hicieron una sentada en el Palacio Pizzurno y fueron desalojados

La respuesta del Gobierno Nacional se dio desde el Ministerio de Capital Humano, que tiene a su cargo la cartera educativa. Se ordenó el desalojo de los estudiantes del lugar. Nadie los atendió, nadie dio respuesta sobre la Ley de Financiamiento Universitario incumplida.

En estos días, las fuerzas se concentran en el próximo miércoles. Sin dudas la protesta universitaria será multitudinaria. En su armado se concentran las autoridades de las casas de estudio, los sindicatos docentes, los profesores, los trabajadores no docentes y por supuesto la totalidad del movimiento estudiantil. Todos saben que no hay resto para volver a abrir las universidades el año próximo y que va a resultar imposible sostener clases, investigación y tareas de extensión con el panorame de desfinanciamiento que se viene, en caso que el Congreso apruebe sin cambios el presupuesto 2027 que envió el Ejecutivo.

No hay casi resto para sostener un año más la situación actual. Profesores universitarios que dejan todos los días de enseñar para emprender otras actividades que les ofrecen un salario digno, cientos de docentes con pluriempleo que no pueden sostener las clases con todo lo que implica de trabajo extra (corrección de trabajos, toma de exámenes, preparación de las clases, estudio permanente y trabajo de formación y actualización de saberes) y los problemas de financiamiento que impiden a quienes gestionan las casas de estudio mantener su infraestructura con las necesidades básicas que permitan dar clases (internet, estado de los laboratorios, de las aulas, calefacción, ventiladores, etc).

Cada día los problemas se suman y se agravan y las autoridades de las universidades nacionales saben que el esfuerzo no alcanza. Todo esto abre una nueva etapa de protesta.

¿Serán los estudiantes los encargados de construir ese espacio, como está ocurriendo en Europa? ¿Será el movimiento juvenil europeo con sus múltiples denuncias que van desde la educación hasta la falta de empleo, la pobreza, los temas ambientales, la negativa a más guerras, el que inspire una vez más, como en el Mayo Francés del 68 a las nuevas generaciones para alzar sus voces en distintos territorios?

De cualquier modo, el movimiento estudiantil es conciente que el Gobierno de Javier Milei tiene que sentir la protesta educativa como una amenaza o un desafío a su poderío para ceder, aunque sea en parte, y cumplir con el financiamiento legalmente aprobado por el Congreso y validado por la Corte Suprema de Justicia.

Para que esta protesta sea escuchada, resulta central la articulación con otros sectores de la población, como el trabajo. El jueves será una nueva oportunidad para sumar reclamos, testear la capacidad de la movilización popular y, por qué no perseguir la ilusión que, como en los noventa, los estudiantes prendan la llama de esperanza de una alianza popular que empuje para cambiar el rumbo.

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