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    Alerta: pérdidas cognitivas por el empleo de la IA

    Una investigación de una universidad estadounidense, expertos en neurociencias y en lingüística comprobaron, en algunos casos con estudios preliminares, que se verifica una pérdida cognitiva y retrocesos en la riqueza y variedad del lenguaje de las personas a raíz de las respuestas y “soluciones” que gestionan en los dispositivos de inteligencia artificial.

    El hábito, aún siendo bastante reciente, produce una homogeneización del vocabulario, especialmente perjudicial para las lenguas minoritarias y en peligro de extinción, y también un procedimiento estándar de razonamiento.

    El tema fue enfocado en un artículo de Cambio 16 titulado “La IA transforma la escritura y plantea un nuevo desafío cultural”, firmado por Nelson Hernández, licenciado en Comunicación Social en la Universidad Central de Venezuela, periodista y editor.

    Los dispositivos de IA reciben habitualmente observaciones críticas a raíz de las posturas geopolíticas, políticas, sociales y culturales que contienen sus respuestas, llamadas comúnmente “sesgos”. Por ejemplo, una denuncia realizada recientemente en México demostró que la IA interviene en el ocultamiento o eliminación de cuentas y contenidos que reivindican la equidad entre géneros y el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo.

    IMPOSICIÓN DE PATRONES LINGÜÍSTICOS

    Hernández menciona investigaciones de universidades, cuyos nombres no detalla, según los cuales el uso masivo de la IA hace que “patrones lingüísticos que parecían anecdóticos se transformen en norma”, ya que una serie de expresiones de los dispositivos “reemplazan estilos personales”.

    “Especialistas en lingüística, psicología y ciencia cognitiva observan, además, un desplazamiento del esfuerzo mental. Personas de todas las edades delegan tareas como sintetizar, comparar o argumentar, a cambio de respuestas rápidas y bien estructuradas. En consecuencia, disminuye la práctica de pensar con profundidad antes de darse a la tarea de escritura, y aumenta la dependencia automatizada de la IA”, explica.

    Menciona también “varios estudios” según los cuales “los grandes modelos de lenguaje tienden a reproducir los patrones más frecuentes de sus datos de entrenamiento. Por lo tanto, cuando millones de personas usan las mismas herramientas para redactar mensajes y textos, se genera un efecto de alineación. Diferencias estilísticas y culturales pierden fuerza frente a estructuras percibidas como más seguras”.

    UNIFORMIDAD EN LOS RAZONAMIENTOS

    El artículo agrega que investigadores de la Universidad del Sur de California notaron que “estilos, perspectivas y estrategias de razonamiento muy diversos pasan por un filtro común y terminan convertidos en expresiones similares”. La homogeneización pasa del vocabulario a “la forma de argumentar”, por frases que parecen “equilibradas y neutras”, lo que diluye o elimina matices originales, más variados e imaginativos.

    El autor agrega que en las redes profesionales la marca por el uso de los dispositivos de IA es también visible, porque “publicaciones con tono motivador, lenguaje corporativo y estructura repetida se multiplican y generan la sensación de que cada perfil habla con una voz idéntica. A primera vista, el resultado parece pulido y eficaz, pero también reduce la presencia de expresiones locales, giros creativos o posiciones incómodas”.

    Las lenguas con presencia minoritaria en internet “aparecen poco en los conjuntos de entrenamiento”, advierte, por lo que están “infrarrepresentadas” en las respuestas de IA. Dice Hernández: “Esa brecha digital lingüística no solo limita la visibilidad de culturas minoritarias, sino que empuja hacia modelos de comunicación dominados por pocas tradiciones”.

    También menciona “investigaciones preliminares” en el campo de la neurociencia, con experimentos sobre la actividad cerebral entre quienes usan IA y quienes no lo hacen. Entre las primeras se notó menor conexión entre áreas como experiencia o memoria de trabajo, atención sostenida y control ejecutivo.

    La reducción de actividades y funciones cerebrales no desaparece automáticamente una vez que concluye un trabajo con conexión a la IA, porque estas personas mantuvieron niveles más bajo de “esfuerzo cognitivo”, en contraste con lo que sucede con quienes “escribieron siempre por cuenta propia”.

    Más adelante, Hernández escribe: “Revisiones de literatura sobre pensamiento crítico describen el fenómeno del ‘descargo cognitivo’. Según esa línea de trabajo, cada vez que una persona transfiere a una máquina la responsabilidad de recordar, analizar o decidir, refuerza un hábito de menor implicación mental. Con el tiempo, el cerebro ajusta sus recursos al nuevo entorno y reduce la inversión de energía en tareas complejas”.

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