La dictadura cívico-militar que asaltó el poder en 1976 creó las condiciones iniciales para una concentración mediática que la Argentina sigue padeciendo en el presente, con privación de condiciones de pluralidad de informaciones y opiniones incompatible con la democracia, según el enfoque de los periodistas Rosaura Audi y Daniel Cecchini en artículos publicados en un suplemento especial de La Tecla Eñe por los 50 años del Golpe.
En el presente es “imposible dejar de lado el proceso de cartelización y concentración” que la dictadura puso en marcha en 1976, escribe Audi.
Ese proceso, advierte, “hoy alcanza niveles impensados”, ya que “prácticamente no hay información y discurso crítico al gobierno” de Javier Milei.
También sostiene que la proliferación de nuevos formatos de comunicación periodística, como el streaming, obliga al periodismo convencional a “buscar canales nuevos y aportar análisis periodístico coyuntural que muchas veces se asemeja a propuestas televisivas baratas”.
La “decadencia comunicacional” se expresa en “concentración, manipulación de audiencia, represión y ausencia de transparencia oficial”, escribe Audi, a lo que agrega que “los trabajadores de prensa, la masa de trabajadores, no los 15, 20 ó 30 conocidos en Buenos Aires, se encuentran en una situación de hiperprecarización”.
“Para que los esquemas de dominación cognitiva funcionen, tienen que caer aquellos en los que primaba el pensamiento crítico. Y ahí se puede ver por qué el Estatuto del Periodista, una fuerte defensa del oficio y de la libertad de expresión, fue borrado de un plumazo” en la “reforma laboral” impulsada por el gobierno actual, como la dictadura cívico-militar lo había intentado en 1980, con el formato de una modificación.
Si estas condiciones no son modificadas, concluye Audi, las y los periodistas “seremos la tierra fértil para que las Big Tech, ayudadas por las corporaciones mediáticas -que se ve que piensan que sobrevivirán-, hagan a su antojo. La dictadura sembró la semilla hace 50 años”.
Concentración para un poder permanente
El periodista Daniel Cecchini enfoca en su nota la revisión histórica cómplice con el Terrorismo de Estado que proponen el gobierno actual y sus aliados, para destacar que “conviene preguntarse entonces si aquella dictadura, o mejor dicho sus verdaderos artífices y los intereses que representaban, se retiraron realmente derrotados cuando se recuperó la democracia en diciembre de 1983”.
Agrega que a pesar de las luchas “valientes”, como la de las organizaciones de derechos humanos, el régimen dictatorial “no fue derrotado por una sociedad resistente, sino que implosionó debido a sus propios errores: el desastre económico y la delirante fuga hacia adelante que fue la guerra de Malvinas”.
Los sectores y la porción de la sociedad que avalaron el golpe de 1976, prosigue, ahora respaldan “las políticas y la represión del gobierno mileísta”, la demonización de los partidos políticos tradicionales y de sus dirigentes y la “mano dura contra el desorden y la criminalización de las protestas sociales”.
La dictadura, sostiene Cecchini, se valió no solo de la censura, sino también de la imposición de una concentración mediática, con el apoyo de los medios privados más poderosos.
En eso se inscribe, explica, el despojo al Grupo Graiver de las acciones de Papel Prensa, la única empresa elaboradora de papel para diarios en el país, y se las entregó a los dueños de Clarín, La Nación y La Razón.
Mientras unos pocos medios intentaban resistir en un contexto muy adverso, esos tres diarios “instalaron una suerte de dictadura contra la libertad de expresión que les permitió asfixiar a sus competidores, haciéndolos quebrar o comprando sus empresas a bajo precio”.
Recuperada la democracia, explica, Clarín y La Nación se valieron de ese poder para avanzar en la apropiación de radios y canales de televisión y más tarde de la televisión por cable.
“Con ese tremendo poder de fuego comunicacional, ya en democracia no sólo impusieron sus propios discursos – que no eran ni son otros que los del poder económico concentrado – a la sociedad, sino que disciplinaron bajo amenaza de destrucción a los tres poderes del Estado”, continúa.
Tras describir los intentos de los gobiernos kirchneristas por revertir esta situación, Cecchini dice que a 50 años del golpe “la concentración mediática que nació de la complicidad de los dictadores con los propietarios de los grandes medios no sólo ha incrementado su poder, sino que crece con la fuerza de un cáncer que afecta a todo el cuerpo social”.
Si subsiste este orden, concluye, “la institucionalidad seguirá siendo apenas un simulacro que hace inviable la existencia de una democracia real en la Argentina”.

