La crisis de la educación pública aparece relatada en los medios de comunicación como algo espasmódico: de golpe una marcha multitudinaria, llega marzo: ¿empiezan las clases o hay paro docente?, un pibe entró al patio de la escuela y empezó a disparar a sus compañeros de golpe, de la nada misma, los resultados de las pruebas de evaluación están cada vez peor.
Es necesario decir que aunque los medios no instalen ni sostengan el debate público sobre la educación como sí lo hacen en relación a la economía, la inflación, la inseguridad o la corrupción política, la crisis de la educación pública se mantiene hace años y está actualmente en uno de sus estadios más graves. Este es, sin dudas, una de las deudas pendientes de la democracia argentina.
En estos días, mal le pese al gobierno de Javier Milei, la educación pública sigue existiendo y está encontrando el modo de sobrevivir a fuerza de insistir en hacer público su reclamo masivo y mantener vivas las aulas, pese al ahogo financiero y la desatención con el que se la azota diariamente desde el Estado . La Marcha Federal Universitaria de esta semana fue un llamado de atención para la dirigencia política, la sociedad entera y los medios de comunicación, que se olvidan de ese tema, salvo que explote un escándalo.
«Hoy tenemos un presidente que no cree en la educación pública, en su discurso manifiesta una ideología sobre la universidad igual a la dictadura, estamos en una situación muy compleja, no caben las discusiones. Me alegró la marcha universitaria», declaró esta semana quien fue la ministra de Educación del menemismo, Susana Decibe, quien llevó adelante un proceso de reforma educativa sostenido por las políticas neoliberales de los 90.
La charla con el periodista Ernesto Tenenbaum (Radio con vos) resultó interesante sobre todo en plantear los parecidos y las diferencias entre la realidad de estos días y aquella reforma educativa de los 90 que descentralizó las escuelas, cambió el rol del Ministerio de Educación y reformó la legislación de la educación básica y la universitario, en un proceso conflictivo con los sindicatos docentes, las universidades.
Decibe marcó la diferencia: «En los ’90 hicimos una política amplia y contracultural, frente a la creencia romántica sobre la universidad y su función. Llevamos adelante politicas que hablaban de la asignación eficiente del gasto público, de calidad educativa y evaluacion, criterios de mejora de formación de los coentes, pero pusimos mucha inversión para fortalecer esas politícas. Ahora, en cambio el Estado no cumple con las obligaciones que tiene no sólo por la Ley de Educación Superior, sino tampoco con la Ley Nacional de Educación».
La socióloga, integró el gabinete de un gobierno que estuvo casi permanentemente enfrentado a los principales protagonistas de la educación, y fue enfrentada por los sindicatos docentes que montaron en esos años la protesta tal vez más creativa y rupturista de la historia de la educación argentina: la Carpa Blanca qu estuvo 1000 días frente al Congreso Nacional. Pero no miente cuando dice que durante su gestión se incrementó la inversión educativa.
Entre 1997 y 2001 el gasto público en educación consolidado tuvo una tendencia ascendente que llegó al 5% del PBI durante al año 2001, antes de la crisis institucional que provocarla la caída del gobierno de Fernando De la Rúa. Claro, esa inversión se utilizó para llevar adelante una reforma educativa que incluyera a más niñas, niños y jóvenes en las escuelas públicas, lo que ocurrió efectivamente, aunque se produjera un problema con la calidad educativo y, sobre todo, profundizara la desigualdad social.

En los noventa, la educación estuvo en debate público
Un tema no menor de la década del 90 y la educación es que en esos tiempos los medios de comunicación pusieron la lupa sobre los cambios, las pruebas de evaluación educativa, las marchas, las protestas, los paros docentes. Existía un debate público sobre la educación que se había iniciado con el Congreso Pedagógico de la recuperación democrática.
En la actualidad no sólo no hay secciones dedicadas a la educación en los medios masivos, tampoco existen más periodistas especializados en temas educativos, no hay secciones especiales ni revistas. La educación dejó de ser hace años ya un tema de debate público para volver al ámbito doméstico, privado, cuestiones que preocupan solamente a las familias.
El modelo educativo de Milei
Milei no sólo desfinanció la universidad, también abandonó hace rato la educación pública. El ministerio de Educación ya no se ocupa de las escuelas más pobres del país, ya que no existen políticas socioeducativas como las que Argentina desarrolló desde el Estado Nacional a partir de la recuperación democrática.
Como si esto no alcanzara, impulsa una Ley denominada de «libertad» educativa que abre las puertas a la educación en los hogares, implementa un sistema de financiamiento en base a la demanda en cada lugar del país (voucher educativo), y deja en manos de las escuelas la definición de cuestiones claves, como el calendario escolar, la contratación de personal, descentralizando totalmente el sistema.
El modelo que busca es claro. Deja en manos de las familias la educación de las chicas y chicos, con un corrimiento casi total del Estado tanto en materia de financiamiento como de control y regulación del sistema educativo.
La consecuencia inevitable es el abandono de la niñez de las zonas más vulnerables, de las niñas y niños que pertenecen a las familias más pobres del país, profundizando cada vez más la desigualdad social. ¿No será hora que estos temas estén planteados en la agenda pública?
Ahora que el papel ya no es más la medida del espacio de las noticias en los medios periodísticos, en estos días que todo es digital y el espacio en internet es inagotable, ¿por qué no se encuentran artículos periodísticos profundos que den voz a diferentes actores interesados en la educación sobre los riesgos de este modelo?
Pido perdón por dejar este final abierto. Como periodista educativa que fui por años tengo al menos dos o tres teorías que pueden dar respuesta al interrogante planteado, pero prefiero dejar abierto el debate y ver si el espacio se llena con opiniones diversas que nos permitan recuperar el deseo y la exigencia de hacernos este tipo de preguntas en un mundo donde impera la desilusión y el desgano.

