La derogación del Estatuto del Periodista, prevista en la ley de reducción de derechos laborales que el mileismo aprobó en el Congreso con el apoyo de sus aliados, es una parte de la estrategia general contra la libertad de expresión, que comprende ataques a medios y periodistas y represión a comunicadores durante manifestaciones de protesta, advierte Bianca de Toni, licenciada y profesora en Comunicación Social de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Córdoba.
La académica destacó la “necesidad imperiosa” de discutir y actualizar el Estatuto del Periodista, que data de 1946, pero su derogación lisa y llana, anhelada por los empresarios de medios, no habilita un debate al respecto, sino que se propone impedirla.
De Toni, también editora de la publicación Enfant Terrible e integrante de la Red de Medios Digitales de Argentina, escribió en Cba24N que la actividad periodística en el país afronta una situación “alarmante”.
LOS DERECHOS ESTABLECIDOS POR EL ESTATUTO
El Estatuto de 1946 “establece condiciones laborales, categorías profesionales, derechos básicos y la cláusula de conciencia, clave para garantizar el ejercicio libre del periodismo”, explicó.
A su derogación, continuó, se agregan medidas, tomadas mayormente por decreto, que son de “amplio alcance y carácter estructural” y que en conjunto tienen “efectos regresivos en términos del derecho a la comunicación”. Al respecto menciona la intervención del Ente Nacional de Comunicaciones, “el vaciamiento del sistema federal de medios públicos, las modificaciones en el acceso a la información pública y la eliminación de las políticas de fomento al sector sin fines de lucro”.
Pero además, escribió De Toni, desde que asumió en diciembre de 2023 el mileismo instaló un clima de confrontación que “colocó al periodismo como blanco de ataque”, al tiempo que emplea la violencia por medios digitales, en especial contra las mujeres.
HOSTIGAMIENTO SIMBÓLICO Y REPRESIÓN
“Al hostigamiento simbólico se suman las feroces represiones a manifestaciones sociales en la ciudad de Buenos Aires, en las que los trabajadores de prensa han sido objetivos recurrentes, como ocurrió con el fotorreportero Pablo Grillo, gravemente herido por el impacto de un cartucho de gas lacrimógeno mientras cubría una protesta de jubilados y organizaciones sociales, y que aún espera justicia un año después”, enumeró la nota.
Es un contexto en el que además se agrega la precarización del trabajo periodístico, lo que vuelve necesario discutir el Estatuto, tomando en cuenta las evoluciones del sistema de medios y la expansión de la tecnología, como las redes digitales, con incidencia en las modalidades de trabajo.
En suma, opinó la académica, el sistema de trabajo sobre el cual fue elaborado el Estatuto se transformó: “Cada vez son más quienes ejercen la profesión sin patrón, por decisión o por necesidad, mientras disminuyen los puestos registrados. La figura del colaborador, reconocida en el propio Estatuto como una excepción dentro del sistema, hace años dejó de ser marginal, reflejándose en el creciente número de publicaciones firmadas por colaboradores/as en medios tradicionales”.
A continuación mencionó la actividad de los medios populares, comunitarios y autogestionados, que “operan en los márgenes de un sistema de medios altamente concentrado”.
Por lo tanto, “la necesidad de discutir el Estatuto se vuelve imperiosa. No sólo en función de las transformaciones tecnológicas, que empujan a los trabajadores a una lógica de multitarea, sino también para que, al igual que en sus orígenes, pueda hacerse cargo de los cambios en la base social del trabajo periodístico, una realidad en la que la protección laboral ya no puede pensarse exclusivamente en términos de relación de dependencia”.
La autora enmarcó el tema en las cinco décadas del golpe de Estado de 1976 y en “la memoria viva de una de las etapas más terribles de nuestra historia, que nos recuerda la censura, la persecución, la desaparición y el asesinato de trabajadores de prensa”, herramientas usadas para imponer el proyecto político-económico mediante el Terrorismo de Estado.

