Periodistas, especialistas en comunicación y académicos coincidieron durante un encuentro en España en destacar la obligación que tienen los medios de un uso y presentación “transparente” de las fuentes de sus noticias, como parte de la respuesta a la circulación creciente de informaciones falsas y contenidos manipulados.
Asimismo, dijeron que se requiere que las redacciones de medios cuenten con sistemas permanentes de verificación de versiones, y no solo con equipos específicos de verificación que reaccionan solo en algunos casos.
Esas fueron parte de las conclusiones del curso “Desinformación y protección digital en Europa”, organizado por Radio y Televisión Española (RTVE) y la Universidad de Zaragoza, con el apoyo de la Oficina del Parlamento Europeo en España.
Participaron periodistas, especialistas en comunicación y tecnología, académicos y representantes de instituciones y empresas, que se centraron principalmente en las campañas de desinformación y manipulación y las respuestas posibles.
Entre las normas teóricas más difundidas del oficio periodístico, la descripción clara de las fuentes, es decir del origen preciso de las informaciones que se publican, es uno de los principios esenciales. Esta condición es considerada también un derecho del público.
FUENTES SIN NOMBRE: DEBERÍA SER UNA EXCEPCIÓN
Esa base teórica establece la excepción para casos aislados: situaciones en las que, por una serie de condiciones extraordinarias, periodista y/o medio no informan con precisión cuál es la fuente que sustenta una información, y la presentan bajo enunciados genéricos, como es el caso bastante común de “fuentes oficiales”, sin más detalle. Otras fórmulas son “fuentes del sector”, “fuentes del ministerio”, “fuentes sindicales”, todas imprecisas y que no respetan los derechos del público. También se llega a figuras que lindan con el absurdo, como “fuentes responsables” y “fuentes fidedignas”, como si un o una periodista pudiera recurrir alguna vez a una fuente no responsable o no fidedigna.
En algunos países esta obligación está siendo eludida. En el caso específico de Argentina, en gran cantidad de medios es más que frecuente la no precisión de fuentes, bajo el amparo de la figura del “off the record”, un enunciado en inglés que indica que el o la periodista obtuvieron información de una fuente a cambio de no revelar su identidad.
La teoría dice, sin embargo, que para comprender el sentido de una noticia es necesario conocer quién la difunde, quién tiene interés en que se dé a conocer tal o cual versión o interpretación.
En el caso del curso en España, quienes participaron coincidieron en que la “transparencia” de las fuentes es una de las condiciones para que los medios defiendan su credibilidad.
NECESIDAD DE ALFABETIZACIÓN MEDIÁTICA
A ello agregaron la necesidad de que las redacciones incorporen procedimientos de verificación permanentes, así como abogaron por políticas de alfabetización mediática, regulación de las plataformas, protección de datos personales y más cooperación entre medios, instituciones y empresas.
José Manuel Ávalos Morer, del departamento de Ciberseguridad de la empresa Vodafone Business, habló de un “exceso de información” circulante y advirtió sobre los modelos digitales creados para capturar la atención de las audiencias, que tienen pocas herramientas para diferenciar entre información verificada y noticas falsas o contenidos manipulados.
Las y los periodistas deben conocer las técnicas de control de informaciones e imágenes y rastreo de fuentes, dijo por su parte Blanca Bayo, responsable de “VerificaRTVE”, quien incluyó ejemplos al respecto.
Asimismo, durante los debates hubo coincidencia en que la lucha contra la desinformación no puede ser solo responsabilidad de los medios.
Sobre este aspecto, Carlos Rullán, a cargo de Comunicación Digital del Parlamento Europeo en España, enumeró otros ejes, como regulación, alfabetización mediática e implicación del conjunto de la sociedad.

