ERROR

Por favor, revisa tu email para activar tu cuenta.
Si no has podido encontrar nuestro email de activación, por favor, revisa tu carpeta de no deseados o spam y añade nuestro email a tu lista de contactos.

Suscripción anual

$ 50.000


    *todos los campos son obligatorios

    Norma también tenía 63 años

    Hasta ahora, cada vez que pensé en Norma Plá, la recordé como un símbolo de coherencia y de lucha de los 90 y, como se la bautizó en los medios, la «abanderada» de los jubilados. Pero ahora estoy convencida de que fue mucho más que eso.

    Cuando Norma instaló el acampe en la Plaza Lavalle, donde durmieron cien días en reclamo de un mínimo de 450 pesos (450 dólares en la Argentina del 1 a 1) para las y los jubilados, en 1995, Norma tenía 62 años y yo 33, ya trabajaba como periodista y el modelo neoliberal se imponía en la Argentina, de la mano del menemismo.

    Esta semana ví el documental Norma también y, con ella, lloré, me reí, me angustié y la admiré. Esa señora, madre de 4 hijos, que murió a los 63 años víctima de un cáncer de mamas, durmió más de cien días en el acampe de la Plaza Lavalle, se enfrentó con la policía, hizo «llorar» al entonces ministro de Economía Domingo Cavallo y desafió a cuanto periodista la invitaria a la televisión principalmente para agredirla.

    Mucho de todo lo que vi en Norma también me tocó íntimamente. Norma tenía 63 años en 1996, cuando murió después de haber participado de cien marchas al Congreso en reclamo de un sueldo digno para los jubilados y pensionados. Yo tengo ahora esa misma edad y, afortunadamente sigo soñando con un mundo más justo y mejor, como lo hizo ella, aunque me gustaría preguntarle cuál cree ella que es hoy el camino para seguir peleándolo.

    Norma fue la voz más visible y combativa de quienes habían sido empujados del sistema en la sociedad argentina de los 90. Tomó las calles y los medios de comunicación como espacios de lucha para defender los derechos de los jubilados y tejió alianzas con trabajadores desocupados, estudiantes universitarios y representantes de otras causas que hicieron punta en la resistencia al menemismo y su modelo.

    En la película se sugiere también la idea de que Norma fue pionera dentro del movimiento feminista, casi sin saberlo, porque fue al frente, porque tuvo una manera de luchar imaginativa, diferente, valiéndose de su intuición y valentía, nunca dejó de estar en la primera fila en cada una de las situaciones de peligro, no bajó los brazos y no se detuvo por las presiones que le hicieron llegar desde el poder político o por la cantidad de veces que fue detenida en una manifestación.

    Norma y el periodismo

    El trato que le daba el periodismo merece una atención aparte. La convocaban como una novedad, alguien distinto. Y, como su forma de protestar molestó mucho al poder, la agredían y cuestionaban sus métodos de protesta. ¿Pero por qué les grita a los funcionarios? ¿Por qué empuja las vallas? ¿No tiene otra manera más amable de reclamar? le decían una y otra vez las y los periodistas.

    Y ella respondía, con su voz chillona y su sabiduría: «Porque si no grito nadie nos da pelota». Y se quedaba mirando a cámara con su boca entreabierta dejando ver un puñado de dientes que le faltaban.

    En la siguiente entrevista, el periodista Mauro Viale, le pregunta ¿Por qué grita histéricamente (en los medios y en las protestas)? y sugiere que ella se pone al frente de esa pelea porque quiere un lugar protagónico para ella, generando en la audiencia un clima de desconfianza y de sanción a su forma de protestar. El extracto de la entrevista (que se puede ver a continuación) no tiene desperdicio.

    Norma Plá en la televisión, entrevistada por Mauro Viale

    Qué tristeza observar la forma en que un sector del periodismo maltrató a esta mujer común, ama de casa y empleada doméstica que cobraba una pensión por su marido muerto porque, pese a haber trabajado desde los 13 años, nunca había tenido aportes por trabajo registrado. Ella cobraba una pensión mínima que en ese entonces alcanzaba a 150 pesos (150 dólares) y, según el relato de su hija menor, Cristina Plá «fue una mujer desesperada, que un día se cansó, y en lugar de ir a terapia, se fue a reclamar a la Plaza Lavalle».

    Norma se peleó con el propio partido del que se consideraba adepta (el radicalismo) «porque el doctor (Raúl) Alfonsín me defraudó, declaró) y apuntó siempre con su lucha hacia la ilusión que representaba para ella el futuro, convocando a los estudiantes a acompañar la pelea de las viejos y los viejos, y así convenció a los más jóvenes, que fueron los primeros, junto al movimiento de desocupados, que unieron sus luchas con la de las y los jubilados.

    «Norma también» – trailer del documental de Natalia Vinelli y Alejandra Guzzo

    Norma también es una película que llena de ilusión, que invita a pensar que los sueños y las utopías siempre tienen sentido, que no hay que bajar los brazos. Es un film ideal para ver en estos tiempos, de individualismo, de falta de solidaridad, de violencia verbal y de tanto recorte de aportes estatales para los sectores más vulnerables.

    Para concluir la nota, elegí este fragmento de la canción Señor Cobranza, compuesta en 1994 por Las manos de Filippi y popularizada posteriormente por el grupo Bersuit Vergaravat.

    Voy a la cocina, luego al comedor,
    miro las revista y el televisor.
    Me muevo para aquí, me muevo para allá,
    Norma Plá a Cavallo lo tiene que matar.
    ¿Qué me viene con chorizos? Pero ella va a llegar. Que cocine a la madre de Cavallo y al papá, o los hijos, si es que tiene.

    En esta película de Natalia Vinelli y Alejandra Guzo, estrenada en 2024, se exhibe rotativamente en distintos lugares que se publican en la página del film www.normaplalapelicula.com.ar. Vale la pena verla. Allí un grupo de estudiantes universitarios de estos años son quienes acompañan el relato, investigan la vida de Norma, se preguntan quién era y, para traerla a la actualidad, entrevistan a quienes la conocieron.

    Vinelli es profesora titular del Taller Audiovisual de la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la UBA, y de la materia Montaje 1 en la Universidad Nacional de Lanús y Alejandra Guzzo, en tanto, es productora y realizadora, docente universitaria y dirigió varios documentales: «Diablo, familia y propiedad», «Los crímenes del ingenio Ledesma» y «El camino de Santiago. Periodismo, cine y revolución en Cuba», entre otros.

    Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *