Al ritmo de avance de la Inteligencia Artificial (IA) y la masividad de las redes sociales, las personas están cambiando, radicalmente, su manera de informarse. Los grandes perdedores de estas nuevas tendencias son los medios de comunicación digitales en todos los formatos, las y los periodistas cuyo trabajo es cada vez más precario y también la posibilidad de acceder en forma igualitaria al derecho a una comunicación democrática y plural .
El Digital News Report 2026 general, elaborado por el Instituto Reuters de estudio sobre Periodismo dio a conocer un diagnóstico que ya se palpa hace meses en las redacciones y que preocupa a los editores de medios. Las redes sociales y las plataformas de video superan por primera vez a las webs y aplicaciones de medios de comunicación como forma de acceso a las noticias, mientras creció un 10% las consultas informativas a los chatbots de IA y la opción por los videos on line alcanzó al 77 por ciento de los usuarios consultados sobre sus hábitos informativos.
Estos datos van de la mano de otros más preocupantes aún, que permitirían pensar en las razones que alimentan este cambio, más allá de los avances tecnológicos: la confianza global en las noticias baja al 37% y la preocupación por la desinformación crece al 62%. Sin embargo las personas creen poder informarse por redes sociales, mientras el pago por información de calidad o mayor profundidad está estancado en el 17%, a nivel mundial.
Solo el 10% de los encuestados declara usar semanalmente la IA para noticias, pero el dato está en quién los usa. No se trata de personas desinformadas o con falta de interés sobre las noticias, sino de consumidores intensivos: el 38% de quienes usan IA para noticias pertenece al público más fiel de la información, los usuarios más activos antes de diarios digitales y proclives a buscar diversidad de fuentes sobre un mismo tema. Hoy se nutren también de seguimientos en redes a periodistas individuales e influencers.
La IA la usan los lectores más expertos
La IA no está erosionando la relación con el lector ocasional, sino con parte de los lectores más expertos, el que muchos medios informativos necesitan para sostener sus modelos de membresía, suscripción, newsletter y otras estrategias para monetizar y sostener los medios de comunicación.
El informe que nutre este análisis está basado en una encuesta de YouGov realizada entre enero y febrero de 2026 en 48 mercados, y también contiene señales menos evidentes que permiten leer el cambio. No se trata solamente de audiencias que se desplacen de un soporte a otro, sino que se debilita el hábito de la búsqueda intencional de noticias. Se informan mientras hacen otras cosas, se entretienen, trabajan, estudian u otras tareas. Dejaron de buscar intencionalmente las noticias.
La gente no entra a las redes sociales para buscar noticias, se encuentra con ellas mientras busca otro tipo de contenido. Este desplazamiento de los hábitos cambia la naturaleza misma de la relación con la información. La información no se separa de las preferencias culturales, o de los vínculos sociales. De este modo las audiencias se fragmentan cada vez más.
El usuario que describe el informe se parece cada vez más a alguien que no inicia un viaje, sino que se encuentra con la noticia si el sistema se lo ofrece. Los medios son proveedores de piezas dentro de un flujo que se organiza solo para cada usuario, de acuerdo a los algoritmos.
Así las cosas un medio puede ser relativamente fiable para quienes lo reconocen y, al mismo tiempo, perder influencia sobre la conversación pública, si su contenido circula sobre plataformas menos fiables. La marca puede conservar crédito, pero ese crédito se diluye cuando aparece dentro de un feed de un usuario individual de determinada red social donde convive con desinformación, propaganda, opinión extrema, y contenido emocional.
Búsquedas sin clic
En base a este tipo de datos es que el mundo de la comunicación empezó a hablar sobre Google Zero. Es un término de la industria digital que da cuenta de que el buscador Google dejó de funcionar como una puerta de entrada a las páginas web. El propio Google da cuenta de estadísticas que indican que cerca del 70% de las consultas de usuarios en su buscador se terminan en esa primera página. Es decir que cada vez menos se hace clic en las fuentes o visitas internas que tanto la IA como los buscadores citan, para que las personas puedan chequear la calidad de la información.
Esto no sólo perjudica a los medios digitales por la falta de público, sino también por la cada vez más escasa contratación de publicidad que pueda sostener esa producción de contenidos. Si no hay clic, no hay publicidad en internet. Si no hay publicidad en un medio digital, ¿quién lo financia? Solamente podría funcionar un modelo de negocio en base a suscripciones, pero también las estadísticas indican que los públicos no quieren pagar por contenido informativo digital.
Marchamos a un sistema donde la manipulación informativa, inexorablemente, se instalará más y más.
En una charla sobre IA que asistí recientemente, un investigador de Ciencias de la Computación de la Universidad de Buenos Aires, teorizó junto a los asistentes sobre las nuevas habilidades que se nos atrofiarán a los humanos en los próximos años. Ya hace rato que no nos acordamos los teléfonos de nuestros amigos y familiares, no sabemos multiplicar y dividir sin calculadora, no sabemos cómo trasladarnos sin señal para usar el Google Map..¿Será que nuestra capacidad de informarnos se está atrofiando?

