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    Mafalda en formato audiovisual ¿aportará crítica y mordacidad a la generación alfa?

    Un personaje entrañable, Mafalda, cumple 64 años de vida y en los últimos tiempos, le pasaron cosas muy importantes: cerró la editorial que le dio vida y albergó por años, Ediciones de la Flor, los herederos de su creador, Quino, vendieron todos sus derechos a una multinacional, y hace menos de un año perdió a quien fuera su primer editor, Daniel Divinsky, quien murió a los 83 años.

    Pero Mafalda con su fuerza resistió porque también le están pasando cosas buenas. El cineasta Juan José Campanella la revivirá en una serie animada que se estrenará en la plataforma Netflix en 2027. Su relato de un humor ácido, mordaz y escéptico sobre el mundo actual, tiene la característica de permitir también soñar con tiempos mejores.

    Una de las imágenes de Mafalda, la serie de Netflix, que se conoció esta semana.

    Si bien la serie, que se exhibirá en capítulos cortos de entre 20 y 30 minutos, será animada, actores y personajes públicos pondrán sus voces. Ofelia Fernández será la voz de Mafalda, Griselda Siciliani la de Susanita, Migue Granados hablará por Manolito, Joaquín Levington por Felipe, Toto Kirzner será Miguelito y Malena Pichot dará voz a la pequeña Libertad.

    Todo parecería indicar que, en épocas en las que avanzan las políticas de derecha en latinoamérica, mientras el ajuste aprieta la vida cotidiana de las personas, paradójicamente, los públicos celebran a los personajes icónicos, que desarrollan pensamiento crítico y mordaz y quieren cambiar el mundo. Eso puede darnos un poco de esperanza. Así ocurrió hace un año con El Eternauta, que se convirtió en la serie de habla no inglesa más vista en el mundo. Ojalá sea el turno de Mafalda y que prenda en las nuevas generaciones.

    La noticia sirvió para que muchas y muchos volvieramos a respirar, luego de haber perdido el aliento cuando en la última Feria del Libro nos enteramos de dos noticias: los sobrinos de Quino le habían otorgado los derechos de la tira a una multinacional, quitándoselos a su clásica editora (Ediciones De la Flor) y al mismo tiempo que la mítica editorial argentina cerraba sus puertas, tras resistir desde 1966.

    Ana María «Kuki» Miller, fundadora junto a Daniel Divinsky de Ediciones De la Flor, fue la encargada de anunciar el cierre. La transferencia de la obra de Quino a otra casa editorial fue señalada como algo clave en la decisión. El proyecto editorial era ya insostenible y Miller prefirió cerrarla antes que venderla y dejar en manos de un editor desconocido el sello, que se destacó por un catálogo que incluyó a Roberto Fontanarrosa, Griselda Gambaro, Umberto Eco y Rodolfo Walsh entre otros.

    Los primeros años de Mafalda

    Cuando Mafalda nació el astronauta John Glenn se había convertido en el primer estadounidense en orbitar la Tierra a bordo de la nave Friendship 7. Estados Unidos formalizó el embargo económica contra Cuba, en Argentina había un nuevo golpe militar que había derrocado el presidente Arturo Frondizi, tras el triunfo electoral del peronismo y Estados Unidos empieza a delinear su política para enviar un par de años después sus tropas sumándose al combate contra Vietnam.

    La tira número 1 de Mafalda, publicada en Primera Plana en setiembre de 1964

    En su primera aparición en público, en la revista Primera Plata, la niña estaba escribiendo con un lápiz al que se le rompía la punta y ya expresaba su mirada crítica, rebelde y de denuncia: ¡Estas cosas ocurren solamente en este país!, gritaba. Fue ídola indiscutible de varias generaciones a partir de ese momento.

    Mafalda miraba el mapamundi una y otra vez y se preguntaba: ¿Ningún régimen te resulta, no? o lanzaba un «muy saludables los nuevos vientos que soplan, lástima ese manldito olor a naftalina». Mafalda la niña mordaz y arriesgada, la niña adulta, que veía más allá que los mayores, que era escéptica y se asombraba de la pobreza y la desigualdad.

    Su banda de amigos era igual a la vida misma, había de todo. Manolito era un pibe que trabajaba en el almacén de su padre, Susanita, la chica típica de barrio preocupada por un futuro con una familia y dos hijos, y Guille, su hermano menor, con el que Mafalda mantenía diálogos inolvidables.

    Mafalda era una niña que odiaba la sopa, hablaba con el mapamundi, comentaba las noticias y criticaba la injustica. Si bien era una niña que protagonizaba una tira, no estaba destinada a un público infantil.

    Tenía posturas contra la contaminación, la discriminación y defendía el cuidado de la naturaleza y el ambiente, siendo pionera también en ese aspecto. «Racistas» le grita en una de las tiras a quienes pasean espléndidos sus perros de diferentes razas, mientras ella lleva atada a un piolín a su tortuga, a quien llamaba «el taxi donde viajan las soluciones» en alusión a su lentitud.

    Tener el «Todo Mafalda», el gran libro de color amarillo encuadernado, con la totalidad de sus tiras, era el sueño de las adolescentes y jóvenes de los 70 y los 80. Y aunque Quino dejó de crear nuevas tiras en julio de 1973, en Argentina el personaje volvió a la escena una y otra en distintos perìodos y sobre todo en los años de la recuperación democrática, en la década del 80.

    Durante años, Quino eludió la censura llevándolo todo al mundo de los niños. Si la madre castigaba a Guille, se estaba denunciando la arbitrariedad policial. Lo mismo que las relaciones de Miguelito con el policía de su barrio. Mafalda, al comprobar la diferencia del tamaño de las porras de los policías con las de los soldados, apreciaba el «crecimiento» del país, también llamó las porras «el palito de abollar ideologías». Una nueva amiga se incorporó a la banda del barrio,  Libertad, que llamaba la atención lo pequeña que era.

    Sólo queda expresar el deseo de que esta versión de Mafalda a la que dará vida Campanella y su equipo reinstale, no sólo su figura sino también su manera de mirar al mundo y que logre entusiasmar a muchas chicas y chicos con mentes formateadas por horas de tabletas y celulares con contenidos diversos, que se animen a conocerla, pero sobre todo, que comprendan y resignifiquen lo que piensa y dice esa niña argentina que llevaba un moño blanco sosteniendo sus pelos morenos al viento.

    Si esto ocurriera Mafalda extendería su pensamiento y su forma de mirar el mapamundi a la generación alfa -nacidos entre 2010 y la actualidad– y tal vez la nueva década podría acercarnos a la construcción de una Argentina más justa.


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