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    Niñez y redes sociales: el debate de un mundo de infancias con celulares.

    En los próximos días en Argentina se celebrará un nuevo día de la niñez y posiblemente los regalos tecnológicos sean mayoría en las familias donde las niñas y niños superan los 10 años, ya que en los últimos años los pequeños dejan los juguetes entre los 7 y 9 años y pasaan, en una primera instancia a los juegos abstractos para, después de los 10, entretenerse sólo con juegos digitales, celulares, chateo y vínculos digitales con sus amigas y amigos.

    Pertenecer a grupo de pares, a partir de los 8 y 9 años, pasa a ser compartir contenidos digitales con amigas y amigos en distintos formatos, videojuegos, los whatsapp de las madres o los padres y, en algunos casos, sus propios smartphone o tabletas, según confirmaron a La Comunicación Hace Clic docentes al frente de aulas en distintas escuelas de Ciudad de Buenos Aires y La Plata.

    Esta situación se da en medio de un debate global sobre los límites al uso de redes sociales por parte de las niñeces.

    El gobierno francés oficializó hace unos quince días la prohibición para el uso de redes sociales por parte de menores de 15 años, mientras Australia, que fue pionera en poner límites, hace ya un año implementó una ley que impone la prohibición para menores de 16. Dinamarca, Alemania, Grecia, Indonesia, Malasia, Eslovenia, siguen ese mismo camino. En España y Reino Unido, existen proyectos que están siendo discutidos en el mundo político y legislativo.

    Pero, existen dudas que la prohibición sea la solución a los múltiples riesgos que significa para chicas y chicos el uso de las reds sociales. El primer paso debería ser educar a las niñas y los niños en el uso de las redes, del mismo modo que se les enseña a ser autónomos en la calle, a cruzar una avenida, a no hablar con desconocidos, a usar un transporte público o, cuando eran mas chicos aún, a usar una tijero o un cuchillo. La autonomía incluye riesgos y las personas tenemos que poder lidear con ellos.

    En este aprendizaje es central la familia, pero también la escuela. La educación digital debería incluir contenidos que enseñen las ventajas que significa la tecnología en el aprendizaje, la expresión y la sociabilidad de los chicos y las chicas y los riesgos que traen consigo en materia de falta de privacidad, el contacto con extraños, el consumo de información falsa, entre otros.

    Esta educación es responsabilidad de las familias, los docentes pero también del Estado, ese gran ausente por estos días en Argentina.

    Así como en abril de 2010 se puso en funcionamiento un programa oficial que se llamó «Conectar Igualdad» que consistía en entregar notebooks a adolescentes de la escuela secundaria, o el Plan Sarmiento en la Ciudad de Buenos Aires, que facilitó tabletas y netbooks a los alumnos de las escuelas primarias, hoy es tiempo de alfabetizar sobre los usos de la tecnología. El acceso se garantiza con un celular que la mayoría de las personas tiene, pero los riesgos y las ventajas van más allá del dispositivo.

    El 60 por ciento de los menores de 8 años tiene celular

    El 60 por ciento de las niñas y niños de Argentina menores de 8 años (tercer grado de la primaria) tiene un celular propio, un 23% no tiene el suyo pero usa el de sus padres y familiares. Ese porcentaje sube mucho entre los 9 y 10 años y llega a casi el 100 por ciento de quienes tienen 12 años, según un informe de la organización civil Argentinos por la educación.

    En el informe realizado por las investigadoras Andrea Goldin (CONICET y Laboratorio de Neurociencia, Universidad Torcuato Di Tella), Martín Nistal y Tomás Besada, para Argentinos por la Educación, tomó como base estadísticas del programa oficial Aprender 2024.

    La investigación revela que no necesariamente el uso de celulares o tabletas a tempranas edades tenga relación directa con problemas en el rendimiento académico. «Los resultados son divergentes: mientras algunos estudios reportan mejoras en las calificaciones tras la implementación de prohibiciones, particularmente entre estudiantes de bajo rendimiento o de menor nivel
    socioeconómico, otros no encuentran efectos significativos incluso bajo esquemas de restricción estricta.

    Distintos estudios recopilados en ese informe indican que la prohibición puede ser efectiva para mejorar el comportamiento de los alumnos dentro del aula, pero rara vez se pudo demostrar una mejora efectiva en los aprendizajes.

    Sin embargo pareciera que muchos países marchan hacia la política restrictiva. De acuerdo a la UNESCO la proporción de países que implementaron algún tipo de prohibición creció significativamente, pasando de menos de una cuarta parte en 2023 a cerca del 60% en 2026. Este promedio
    global presenta diferencias importantes entre regiones: mientras que en Oceanía alcanza el 38%, en Europa y América del Norte llega al 86% y en Asia Central y Meridional al 92%.

    En Argentina no hay una normativa unificada, pero en 2026 ya once jurisdicciones avanzaron con algún tipo de marco regulatorio con distintos niveles de restricción.

    El 45% de las provincias implementa algún tipo de ley o resolución oficial al respecto y el 55% aún no tiene regulación.

    Pero aprender a usar las nuevas herramientas puede ser determinante para los más chicos porque no acceder a esa formación puede incrementar una brecha digital cada vez más profunda en relación a las diferencias económicas dentro de las generaciones jóvenes y agudizar aún más las desigualdades sociales. No pueden esperar mucho la llegada de políticas públicas, hoy inexistentes en Argentina, que
    fomenten el uso responsable y útil de los dispositivos.

    Pareciera que a los adultos le cuesta asumir el verdadero desafío de estos años, que es intentar no dejar afuera de la tecnología a las chicas y los chicos, sino enseñarles que se puede expresar y participar de actividades en línea, cuidándose y previniendo los riesgo que conlleva esos avances digitales.

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