Jóvenes que pertenecen a la Generación Z optan por pertenecer a clubes de tejido, clases de bordado, hacer jardinería, cerámica o coser su propia ropa en lugar de navegar horas en redes sociales o hablar con sus amigos y amigas por Whats App.
¿Pero cómo? ¿no estamos en la era de la Inteligencia Artificial? ¿Y si! ¿no explotan las redes sociales? ¡Sí!, ¿no busco trabajo casi exclusivamente por Linkedin? ¡Exacto!, ¿no compro por instagram? Y, si, en parte es así. Pero entretenerme lo hago con tareas manuales y ¿la música?, voy a recitales y escucho vinilos, comentan muchos jóvenes de entre 29 y 14 años cuando se les pregunta sobre sus hobbies, entretenimientos y momentos de desconexión.
Los hábitos de madres, padres y abuelos
Pareciera que en la era de los dispositivos digitales, el trabajo on line, la cursada universitaria asincrónica o sincrónica; para el tiempo libre, el encuentro de amigos y el placer, elegimos lo analógico.
¿Por qué las y los integrantes de la denominada Generación Z (nacidos entre 1997 y 2012), están recuperando hábitos de sus padres o tías y tíos, los «baby boomers» (de 1946 a 1964) o, incluso, de generaciones anteriores?
Pareciera que en la era de lo digital, esperar que se revele una foto de papel, escuchar un disco en vinilo, genera más adrenalina que usar lo que ya es familiar, como un celular (para sacar foto) o las app de You Tube o Spotify para escuchar música.

¿Estar conectado es similar a fumar?
Quienes investigan sobre generación Z aseguran que estar conectados al celular o las redes sociales todo el día deja de a poco de ser costumbre entre los más jóvenes y que su consumo excesivo será considerado una adicción similar a lo que fue el tabaco, en el siglo XX.
En esos años la mitad de los adultos eran fumadores, porcentaje que decayó en 2020 al 13%. La mayoría de los fumadores pertenecen a las clases sociales más humildes en todo el mundo.
Algo similar podría llegar a ocurrir en los próximos años con las redes sociales y los celulares.Son las familias de clases medias y medias altas las primeras en poner límites al uso del celular y las redes sociales de niñas, niños y adolescentes, aunque dentro de esos grupos los adultos aún no hayan logrado dar el ejemplo y se pasen ellos mismos conectados más horas de las que comparten con hijos y parejas.
Pequeños sabios
Una charla recientemente difundida por el streaming de Gelatina, que publica una sección donde se dialoga con chicas y chicos, puso al aire una charla donde las y los más pequeños hablan de los límites que les gustaría poner a madres y padres en el uso del celular, dando una muestra clara de quiénes son las y los responsables de la adicción de los más jóvenes a redes y juegos digitales.
Asistir a este debate nos lleva a la sorpresa porque son las chicas y los chicos quienes plantean que madres y padres deberían poner límites al uso de celulares, ya que muchas veces ellas y ellos les hablan o les preguntan algo y los progenitores les piden que esperen que terminen de escuchar el «mensajito» o que respondan un Whats App antes de darles cualquier respuesta.
¿Un mundo sin celulares?
¿Es el mundo al revés? ¿Se trata de agotamiento de lo digital o madurez, ante un uso que ya no es limitado sólo a algunos sectores sociales o franjas etáreas?
La legislación en muchos de los países desarrollados al uso temprano de redes sociales por parte de niñas niños y adolescentes, las prohibiciones de uso en las aulas del celular, son medidas que también colaboran con los nuevos hábitos de los más jóvenes.
Ya fue demostrado en diversas investigaciones que el uso temprano y por muchas horas de los dispositivos, trae aparejado el daño cognitivo, los déficit de atención, la falta de concentración, la baja tolerancia a la frustración y el sedentarismo. Asimismo es perjudicial para el sueño y facilita enfermedades oculares como la miopía.
La Organización Mundial de la Salud recomienda que antes de los 2 años no se exponga a las niñas y niños a pantallas y que entre los 2 y los 5 años, que el tiempo no exceda los 60 minutos diarios, entre los 2 y los 5 años, y que hasta los 17 años no estén más de 2 horas conectados al día.
Y un dato a tener en cuenta: las recomendaciones de especialistas, médicos y psiquiatras para que los adultos puedan mantener su bienestar psíquico y físico es que no estén más de 2 horas al día conectados. ¿Quienes realmente podemos levantar la mano y decir, sin mentir: «Mi promedio diario de conexión es acorde al límite recomendado como saludable»?

