ERROR

Por favor, revisa tu email para activar tu cuenta.
Si no has podido encontrar nuestro email de activación, por favor, revisa tu carpeta de no deseados o spam y añade nuestro email a tu lista de contactos.

Suscripción anual

$ 50.000


    *todos los campos son obligatorios

    Florencia Peña: error y cátedra de ética periodística

     

    La actriz Florencia Peña cometió un error gravísimo al afirmar que una persona había muerto sin que esto hubiera sido verificado, pero en muy poco tiempo anunció el abandono del espacio de TV por streaming que conducía y asumió el error de la información difundida, algo que periodistas y medios que publican falsedades casi nunca hacen.

    La historia del periodismo, y esto excede por mucho a la Argentina, rebosa de informaciones absolutamente falsas, no solo por error o apresuramiento sino por perseguir alguna finalidad maliciosa, en general de alguien con poder, como el propietario del medio o uno de sus socios o aliados políticos, o alguien que haya puesto dinero suficiente.

    Esto ocurre mucho antes de que, para posar de piolas y cosmopolitas, incorporáramos el anglicismo “fake news”. También es interminable la serie de noticias cuya falsedad se debe a un error o a una suma de errores, que se van acumulando y potenciando a medida que las patronales del sector empeoran las condiciones de trabajo.

    Las y los periodistas del presente, en su gran mayoría, están privados de la disponibilidad de tiempo y recursos para verificar informaciones, contrastarlas, consultar personalmente a las fuentes, buscar precedentes, explorar bases estadísticas –si así correspondiere- y consultar a especialistas si son temas que no se resuelven solo mediante un razonamiento sencillo o por sentido común, es decir la amplísima mayoría de los temas de las noticias.

    Peña recibió un dato de la producción de su espacio en un canal de streaming y cometió el error de reproducirlo. Por tratarse del padre de Lionel Messi, la falla se expandió en todas las direcciones, generó sentencias rápidas, agresivas e insultantes pero también previsibles, tomando en cuenta la estrechez intelectual y la inmoralidad frecuente de quienes la pronunciaron, empezando por quien ejerce la Presidencia.

    La actriz pidió perdón, dijo asumir que fue parte del error y anunció que decidió poner fin a su participación en el espacio televisivo.

    ¿Hicieron lo mismo el redactor y el editor que publicaron que un ministro de Economía cobraba dos sueldos cuantiosos?

    ¿Hicieron lo mismo el redactor y el editor que publicaron que dirigentes –hoy de la oposición- tenían cuentas bancarias secretas en el exterior?

    Y aquella señora que dijo que Néstor Kirchner no estaba en el cajón mientras era velado, ¿hizo lo mismo?

    Las y los columnistas que aterrorizaron a la ciudadanía diciéndole que la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual comportaba el fin de la libertad de expresión y del “periodismo independiente”, ¿ya pidieron disculpas y presentaron sus dimisiones?

    ¿Aquellos que dijeron que con la legalización del divorcio se desintegraría la familia?

    ¿Pidió disculpas y abandonó el espacio que conducía aquella animadora que en plena pandemia dijo en cámara que tomaba una solución con lavandina para prevenirse de la COVID-19?

    ¿Habrán renunciado, además de disculparse, quienes dijeron que la SUBE era para vigilar y controlar a la población?

    No hay nota que pueda ser infinita, aunque sí lo sea la lista de las estafas periodísticas de toda calaña, de toda época, más la de los errores cometidos por muy diversos motivos aunque sin malicia.

    El error que cometió Peña es una oportunidad para un debate serio, consistente, del cual no podrían participar las y los integrantes de la soldadesca propaladora del odio político, social, clasista, xenófobo y que discrimina por motivos de género y de edad.

    Una pregunta por responder es cuáles son las condiciones en que están trabajando quienes llevan adelante la producción periodística de un espacio. ¿Ganan para vivir con dignidad? ¿Cuántas horas trabajan? ¿Cuántos empleos tienen para sobrevivir? ¿A qué se exponen si se “pierden” una primicia?

    Otra posible, con respeto por cualquier otra especialidad: ¿Es conveniente que una persona que no se formó en las prácticas del oficio esté al frente de un espacio de comunicación, abastecida por su buena voluntad, su sentido común y sus propósitos por más honestos que sean?

    Y otra: ¿cuál es el efecto que tiene para el oficio la exigencia de celeridad informativa, que es propia del periodismo pero está agravada de manera exasperante, insoportable, por la presión de las redes y plataformas digitales?

    Por supuesto, puede haber muchas más. Pero no sería un debate viable si se ponen a pontificar sobre buena práctica periodística las personas y sectores que impulsaron y consiguieron con sus cómplices la derogación del Estatuto del Periodista, el instrumento principal que las y los trabajadores del sector tenían para tratar de lograr condiciones dignas de trabajo. Sería bueno que se pongan a estudiar y leer, a consultar y capacitarse –y en algunos casos a curarse-, antes de publicar.

     

    3 comentarios en “Florencia Peña: error y cátedra de ética periodística”

    1. Jorge Pailhé

      Excelente y necesario análisis. El de ayer, jueves, fue un día cargado de errores pero también de ensañamiento gorila para con la figura de Flor Peña, incurriendo de hecho en otra falsedad, ya que no referían la inmensa responsabilidad de la producción del programa.

    2. Monica Beltrán

      Muy buen análisis, Hugo, coincido con Jorge que es un horror como la «sacrificaron» a Peña, claramente se convirtió en la ya clásica pelea anti kirchnerismo vs kirchnerismo, pero además el posteo del Presidente Milei es una vergüenza: el mismo día que le entregaron Telefónica al grupo Clarin defenestra al periodismo y habla de verdad, mientras mantiene a Adorni en su puesto? Creo además que se hizo demasiado drama (desde medios tradicionales y no tradicionales y desde las redes) sólo porque afectó a Messi y también porque fue en pleno mundial…, si hubiera sido cualquier otra persona y momento, no hubiera pasado nada, como ocurre con tantos otros errores y horrores que lamentablemente ya están naturalizados.

    Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *